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Por Max Astudillo

La Habana.- Al momento de redactar estas líneas, el silencio del régimen ha sido más elocuente que cualquier consigna. De todos los habituales voceros del disparate, solo Roberto Morales Ojeda salió a “condenar enérgicamente” el Estado de Emergencia decretado por Donald Trump hacia Cuba. Ni Bruno Condeneitor, ni Limonardo han dado señales de vida.

El primero, quizás afinando la muela; el segundo, esperando orientación. Morales Ojeda, en cambio, no perdió tiempo y se lanzó a Facebook con ese tono épico-prefabricado que tanto les gusta cuando se trata de repetir lo mismo desde hace más de sesenta años.

“Además de extremadamente cínico, es aberrante declarar a Cuba como una amenaza para el país más rico del mundo”, escribió el dirigente, con una seguridad que solo da vivir desconectado de la realidad. Según él, todo responde a un “pretexto absurdo” para asfixiar a un país pequeño geográficamente, pero “inmenso en dignidad y soberanía”. La frase suena bonita, conmueve a la militancia cansada, pero no resuelve ni un apagón, ni una cola, ni un plato vacío. Dignidad hay mucha en el discurso; soberanía, en cambio, se perdió hace rato cuando el país depende de limosnas, favores y alianzas de conveniencia.

Morales Ojeda asegura que Cuba no representa amenaza alguna para la seguridad del pueblo norteamericano y que el verdadero peligro está en la situación interna de Estados Unidos, marcada —según él— por el odio, el racismo y la violencia. Curioso razonamiento: mirar hacia afuera para no mirar hacia adentro. Porque si hablamos de amenazas reales, habría que preguntarse qué sociedad puede sostenerse con salarios de miseria, hospitales sin recursos, jóvenes huyendo en estampida y cárceles llenas de presos políticos. Eso sí es una amenaza, pero para el propio pueblo cubano.

“No serán nunca, ni las mentiras, las amenazas y los chantajes los que logren arrodillar al pueblo cubano”, remata el dirigente, mientras el gobierno arremete —dice— contra el “imperialismo belicista”. La frase es de manual, reciclada hasta el cansancio. El problema es que el pueblo cubano no está arrodillado por Trump, sino aplastado por un sistema incapaz, sostenido a base de consignas, represión y excusas externas. Lo extraterritorial no es el decreto de emergencia, lo extraterritorial es seguir culpando a otros de un desastre que tiene sello nacional.

Y para cerrar, como no podía faltar, Martí. “Una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”. Lástima que esas ideas justas solo se usen para justificar la inmovilidad y no para cambiar lo que no funciona. La comunidad internacional —esa que Morales Ojeda invoca— sabe perfectamente dónde está la verdad y dónde empieza la propaganda. Mientras unos publican consignas en Facebook, el país real sigue esperando algo más que condenas enérgicas.

Con discursos no se come, no se vive y, mucho menos, se vence, mis estimados «Condeneitors».

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