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¿La misma jugada, distinto rival?

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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- Todo parece indicar que Delcy Rodríguez intenta aplicarle a Donald Trump la misma fórmula que Nicolás Maduro le vendió en su momento a Joe Biden. Una estrategia ya conocida: ganar tiempo, simular gestos, prometer cambios que nunca llegan y, mientras tanto, consolidar el poder real del régimen. Los hechos, como siempre, hablan más fuerte que los discursos.

Hasta ahora, no se ha producido la liberación total de los presos políticos. Tampoco existe un itinerario serio, verificable y público para la convocatoria de elecciones verdaderamente democráticas. Y por si quedara alguna duda, los discursos oficiales siguen anclados en la retórica de la “resistencia bolivariana”, como si nada hubiese cambiado.

Hace apenas dos días, el hijo de Nicolás Maduro conversó telefónicamente con su padre. Según fuentes muy cercanas al régimen, Maduro fue claro: hay que acelerar las elecciones de las comunas. Y ahí está la clave del juego.

Por ahora… ganar tiempo

Las comunas no son democracia popular, sino un mecanismo de control político. Un poder comunitario diseñado a imagen y semejanza del modelo cubano, aunque algo más maquillado y “sofisticado”. En esencia, el mismo engendro ideológico exportado desde el castrismo. El partido nomina, el pueblo elige solo entre los nominados, y a partir de ahí se arma una cadena cerrada de poder: el delegado municipal elige al nacional, el nacional elige a la cúpula, y la cúpula se perpetúa. Democracia sin opciones reales. Como elegir entre un vaso rojo y otro vaso rojo para beber lo mismo.

En Cuba funciona así desde hace décadas, y en Venezuela quieren consolidarlo antes de que el escenario internacional se vuelva más hostil. La demora no es torpeza ni improvisación: es cálculo político.

El chavismo apuesta a manipular a la administración Trump hasta que lleguen las elecciones de medio término en Estados Unidos. Históricamente, en esos comicios suele imponerse la mayoría contraria al partido del presidente. Cuando eso ocurra, el objetivo es claro: impulsar una legislación que limite la capacidad de la Casa Blanca para usar la fuerza militar sin la aprobación del Congreso.

Ese es el punto de llegada. Ganar tiempo, blindarse legalmente desde afuera, y cerrar el sistema desde adentro. Nada nuevo. Solo el viejo manual autoritario, aplicado una vez más, con otros nombres y otro interlocutor en Washington.

La pregunta no es si el chavismo está jugando sucio. La pregunta es si esta vez alguien va a fingir que no ve las cartas marcadas.

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