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Por Joaquín Artiles ()
Santa Clara.- Somos seres únicos en casi todo pero con el vestuario estamos en un punto tan trágico que asusta. En los últimos tiempos, los nuestros han echado por tierra los cánones de belleza y enterrado las grandes casas de la moda mundial.
El vestuario masculino ha tenido un giro inesperado, llegando a desafiar hasta las más básicas leyes de la naturaleza y de la física en especial. En cualquier lugar, sea rural o urbano, te encuentras niños, jóvenes y adultos con una pinta que impresiona.
A partir de los tiempos de la COVID 19, comenzó el uso de los pasamontañas. En medio de la crisis se podía comprender. No importa si hay doce grados Celsius o cuarenta, allá van desafiándolo todo, al mejor estilo asaltante de bancos.
Los nuevos actores han descubierto un nicho importante y han hecho llegar contenedores de tan terrorista pieza.
Pero nuestros etarras no quieren lucir extranjerizantes y han agregado un vestuario que incluye una licra o mono, sobre lo que agregan un short ancho. Los huevos les sudan a cántaros pero les gusta.
Para rematar el atuendo, calzan botas de goma de diferentes diseños pero la misma peste. Las hay blancas, negras, con rayas azules, de camuflaje, dentro de las cuales pueden transportar sus mejores cuchillos.
Hay más hongos dentro de esas botas que en cualquier bosque. Es preocupante el desarrollo gregario del mal gusto, vinculado con la marginalidad.