Cincuenta años cantándole a una revolución que nadie escucha

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Guantánamo.- La Asociación Hermanos Saíz en Guantánamo acaba de anunciar, con bombos, platillos y seguramente sin combustible para mover los equipos de audio, la edición número 50 de la Jornada de la Canción Política. Medio siglo. Cincuenta años. Toda una vida cantándole al mismo libreto, mientras el país desafina cada día un poco más.

Del 1 al 4 de agosto habrá conciertos, poesía, cine, artes visuales, espacios de reflexión y actividades comunitarias. Lo único que no aparece en el programa es un panel para reflexionar por qué los jóvenes artistas prefieren comprarse un boleto para Nicaragua antes que un carnet de la AHS.

Dicen que uno de los objetivos será acercar la cultura a las comunidades. Excelente idea. Ya que van, aprovechen y pregúntenle a la gente si prefiere una descarga trovadoresca o que le pongan la corriente cinco horas seguidas. Me atrevo a apostar cuál gana por goleada.

Habrá presentaciones en la Casa de la Trova, en el Café Cantante y en otros espacios culturales. Ojalá los apagones respeten el cronograma, porque en la Cuba de hoy el verdadero director artístico del país es la Unión Eléctrica. Si decide quitar la corriente, se acabó la función.

No podían faltar las famosas Rutas Azarosas, llevando trova y poesía a hospitales y comunidades. Muy bonito el gesto. Lo único triste es que muchos pacientes agradecerían más un antibiótico que una guitarra afinada.

También organizaron un espacio teórico para hablar de la historia de la Jornada. Curiosamente, no habrá ninguno para analizar la historia de los miles de músicos, escritores y artistas que terminaron marchándose de Cuba porque aquí el talento sobra, pero las oportunidades escasean.

Y como toda actividad oficial necesita su dosis obligatoria de ideología, aparece un panel dedicado al pensamiento de Fidel Castro. Llevamos más de seis décadas estudiando ese pensamiento y el resultado está a la vista: un país con apagones, salarios de hambre, hospitales en ruinas y una emigración que ya parece deporte nacional.

Tampoco podía faltar el homenaje a los mártires del 4 de Agosto. Lo que sí sigue faltando es un minuto de silencio por los cubanos que han muerto esperando una ambulancia, por los ancianos que sobreviven con una pensión miserable o por los jóvenes que han perdido la vida intentando escapar de la isla.

Hasta proyectarán Habana Blues. Ironías de la vida. Una película sobre músicos que sueñan con irse de Cuba exhibida en un evento organizado por quienes todavía insisten en convencer a los jóvenes de que quedarse vale la pena.

El cierre será con un concierto llamado Bolereando. Muy apropiado el nombre, porque el país entero lleva años bolereando entre promesas incumplidas, discursos reciclados y festivales que celebran una realidad que solo existe en los papeles del Ministerio de Cultura.

La Jornada cumple cincuenta años. Cuba, mientras tanto, cumple otro aniversario viviendo entre apagones, escasez y desesperanza. Quizás esa sea la verdadera canción política de estos tiempos: la del pueblo haciendo colas para conseguir comida, cocinando con carbón y esperando que algún día cambie la letra de esta historia.

Una guitarra puede desafinarse. Lo verdaderamente desafinado es seguir organizando festivales para cantar las maravillas de un sistema que hace rato dejó al país sin público.

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