Instala El Vigía de Cuba y accede a las noticias al instante.

Mantente informado en todo momento, sin perder ninguna noticia importante.

📱 Cómo instalar:

👉 Android:
Pulsa los 3 puntos (⋮) arriba a la derecha y selecciona "Añadir a pantalla de inicio"

👉 iPhone:
Pulsa el botón compartir 🔗 y luego "Añadir a pantalla de inicio"

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Jorge Fernández Era y su esposa escapan del acoso del régimen cubano y llegan a Madrid

Comparte esta noticia

La Habana.- ¿Hasta cuándo vamos a seguir normalizando que el talento cubano se vea obligado a hacer las maletas? Parece que la única forma de que un escritor piense en libertad es pisando tierra extranjera, lejos de las garras de la Seguridad del Estado y sus ridículas imputaciones. Jorge Fernández Era y su esposa, Laideliz Herrera Laza, son la más reciente prueba de que en Cuba, pensar distinto es un delito que se paga con acoso, detenciones y la constante amenaza de la cárcel.

El pasado 29 de marzo de 2026, la pareja aterrizaba en Madrid, poniendo fin a más de tres años de un infierno orquestado desde las oficinas de Villa Marista. ¿Y todo por qué? Por querer presentar dos libros publicados en España. ¡Qué barbaridad! En cualquier otro lugar del mundo, esto sería motivo de celebración, pero en la isla, se convierte en un pasaporte al hostigamiento.

Todo comenzó en abril de 2023. Fernández Era y su esposa se dirigían a la UNEAC, esa misma institución que debería proteger a los creadores, para gestionar unas visas. Y ¡zas!, interceptados por agentes de la Seguridad del Estado. A pocas cuadras de casa, les cortaron las alas. A él, le impusieron una prohibición de salida del país y, para rematar, prisión domiciliaria. ¿El delito? “Pensar”. Sí, han leído bien. El único crimen de este hombre fue atreverse a tener ideas que no cuadran con el libreto oficial.

Durante dos años y medio, el escritor se enfrentó a un proceso judicial ilegal, plagado de acusaciones tan ridículas como “Desobediencia”, “Irrespeto a los líderes de la Revolución” (¿acaso no tienen piel de hormiga?), “Difamación contra oficiales de las instituciones armadas” y hasta “Sedición”. ¡Sedición! Por querer publicar sus libros. La amenaza de cadena perpetua pendía sobre su cabeza, mientras los dirigentes, esos que viven en la opulencia, se dan la gran vida.

Pero el acoso no se quedó en los papeles. ¡Qué va! Hubo detenciones arbitrarias, golpizas y hasta amenazas de muerte. En julio de 2025, un teniente coronel de la Seguridad del Estado, ese que se cree dueño de la verdad, ¡le metió mano dentro de la Unidad de Zanja! Las pruebas, las imágenes de las lesiones, las publicaron en sus redes. ¿Y qué pasó? Nada. Porque en Cuba, la violencia institucional es la norma, no la excepción.

Lo más surrealista es que, en noviembre de 2025, le notificaron que los cargos habían sido anulados. “Los hombres libres viajan”, celebró entonces Fernández Era. ¡Qué ingenuidad! La libertad de movimiento en Cuba es una quimera. El 18 de marzo, el mismo día que tenía cita en la embajada española para ultimar su visa, ¡otra vez citado por un oficial de inteligencia! ¿No se cansan de jugar con la vida de las personas?

Finalmente, el visado fue concedido. Pero el régimen, en su afán de humillar, no podía dejarlo ir sin su último acto de sadismo. Horas antes del vuelo, en el Aeropuerto Internacional José Martí, lo citaron por megafonía para una “revisión exhaustiva”. ¿Exhaustiva? ¡Una tortura psicológica! Lo llevaron a una oficina donde lo esperaban el mismo teniente coronel agresor y otro agente llamado “Evelio”. ¿El colmo? El oficial, con una desfachatez digna de estudio, le deseó un feliz viaje y hasta se ofreció a ayudarlo. ¡Qué cinismo! Fernández Era, con la dignidad intacta, le sugirió crear un grupo humorístico en Villa Marista. ¡Bravo por él!

Y así, entre humillaciones y resistencias, la pareja abordó el avión. Llegaron a Madrid, donde los recibieron amigos y disfrutaron de un recorrido por la ciudad. Pero el viaje también tiene un propósito familiar: visitar a la tía del escritor, una cubana que, como tantos otros, tuvo que buscar la vida fuera de la isla. Al constatar cuánto se habían perdido por la represión de un estado totalitario que toma a su pueblo de rehén, Fernández Era solo pudo pensar en el Comandante y su famosa frase: “Un mundo mejor es posible”. ¿Será posible, Comandante? ¿O es solo otra promesa vacía mientras el talento cubano se fuga?

Deja un comentario

Lo más consultado hoy