La integridad electoral en EEUU es casi nula, aunque lo disfracen

Comparte esta noticia

Por Carlos Carballido ()

Dallas.- Trump acaba de desclasificar documentos que revelan vulnerabilidades graves e irregularidades en elecciones presidenciales anteriores, información que, según los reportes, fue ocultada o minimizada por instituciones de la administración previa.

Como era previsible, los medios tradicionales se apresuraron a minimizar la gravedad del asunto y afirmar que esas irregularidades NO son concluyentes.

Esa tendencia es la misma del marido que sorprende a su esposa teniendo sexo en el sofá de su casa y lo resuelve tirando el sofá por el balcón.

Los anti-Trump y ex-Trumpistas —al final terminan alineados con la misma retórica de izquierda — inundaron las redes para descalificar un hecho sin precedentes en la historia electoral estadounidense.

Los datos iniciales son elocuentes: en los primeros 30 minutos se registraron más de 3 millones de búsquedas y descargas globales, lo que colapsó temporalmente el sitio web de la Casa Blanca.

Más allá de opiniones y océanos de analistas, el problema es claro.

En una república constitucional consolidada como Estados Unidos se espera cero tolerancia a fallas en el proceso electoral.

La presencia de vulnerabilidades documentadas —cibernéticas, datos de votantes comprometidos, registros defectuosos— genera duda razonable sobre la integridad total del sistema.

En elecciones presidenciales, la legitimidad exige confianza verificable, no solo ausencia de prueba concluyente de fraude masivo.

Esto indica que el sistema no es tan robusto ni transparente como se ha afirmado desde 2020. Justifica reformas concretas: verificación de ciudadanía, identificación del votante, auditorías físicas independientes y restricciones estrictas a las boletas por correo sin controles.

Pero ¿quién le pone el cascabel al gato cuando los mismos políticos se resisten, temerosos de perder poder si se corrige el sistema?

Los medios y una legión de comentaristas en redes se encargan del resto. Es curioso cómo anti-Trump y ex-Trumpistas terminan usando el mismo lenguaje, sin distinción clara.

Así caen las repúblicas. La evidencia está ahí. Aunque no sea concluyente en todos los casos, ya no hay dudas: las elecciones no han sido tan limpias y pulcras como se nos dice. Verlo de otra forma justificativa es sencillamente hacer crecer el cancer que carcomerá al pueblo americano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy