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Por Jorge L. León
Houston.- Llamarlos héroes es una indecencia. Cubrirlos con banderas y consignas es una mentira. Usar sus muertes como propaganda es un acto de canibalismo político.
Los cubanos muertos en Venezuela no murieron por Cuba. No defendían la patria, ni la soberanía, ni al pueblo. Murieron defendiendo a Nicolás Maduro, un criminal sostenido en el poder por el fraude, la represión y el crimen organizado. Murieron al servicio de una tiranía extranjera, enviados por otra tiranía que lleva más de seis décadas devorando a su propio pueblo.
Eso no es heroísmo. Eso es mercenarismo impuesto por el hambre. El régimen que exporta muerte. El gobierno cubano no envía médicos por solidaridad: los alquila. No envía soldados por principios: los vende.
Los llevó a Venezuela por intereses mezquinos: petróleo, control político, supervivencia del castrismo. Los envió como carne prescindible, como piezas reemplazables de una maquinaria criminal que funciona con sangre ajena.
¿Fueron los hijos de la cúpula?
No.
Esos estudian en Europa, viven protegidos y jamás pisan un frente de combate.
La sangre, como siempre, es la del pueblo.
Estos hombres no se enrolaron por convicción ideológica. El régimen hace décadas dejó de producir creyentes. Se enrolaron porque Cuba los empujó a la miseria. Porque en su propio país no pueden ganar un salario que alimente a sus hijos. Porque el Estado les niega el derecho elemental a prosperar.
El mismo sistema que destruyó la economía ahora vende la vida de sus ciudadanos en guerras ajenas, a cambio de dólares que jamás permitiría ganar dentro de Cuba.
Eso tiene un nombre exacto: trata humana con uniforme.
El calificativo de “héroe” exige una causa justa. Aquí no la hay. Defender a Maduro no ennoblece a nadie. Morir sosteniendo una dictadura no es gloria: es la prueba definitiva del fracaso moral del sistema que te empujó allí.
El régimen cubano utiliza a sus muertos como utiliza a los vivos: como herramientas. Los exhibe para ocultar su propia cobardía y para tapar una verdad insoportable: no puede sostenerse sin alianzas con lo peor del mundo.
No hay vileza que la dictadura cubana no respalde. Se alía con narcotraficantes, dictadores y represores. Su política exterior no tiene principios: tiene instinto de conservación.
Por eso sostiene a Maduro.
Por eso exporta represión.
Por eso necesita cadáveres que maquillen su fracaso histórico.
La verdad incómoda
No murieron como héroes.
Murieron como víctimas de un sistema que los empobreció, los engañó y los sacrificó.
Murieron para que otros sigan viviendo del poder.
Murieron porque en Cuba no se puede vivir con dignidad.
Y esa es la verdad que el régimen no perdona que se diga.
Como escribió Albert Camus:
“Una sociedad que justifica la muerte para preservar el poder ya está moralmente muerta.”
Cuba hoy no honra a sus caídos.