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Por Manuel Viera ()

Esta mañana, cuando abrí Facebook, lo primero que vi fue esta publicación de ese personaje poco instruido y vulgar que se hace llamar Guajiro Citadino. Un tipo que salió un día de Cuba como cualquier cubano buscando un futuro fuera del infierno comunista y regresó con el rabo entre las patas a lamer la bota de los dictadores y convertirse en su agente, porque fue incapaz de hacerse hombre con su trabajo e inteligencia allí donde hay que trabajar.

Un cubano dañado por el sistema que pensó que en México recibiría ayudas del gobierno, libreta de abastecimiento y viviría de vender cigarros sueltos en el barrio donde vivía, en Ciudad Juárez. Pero de eso él prefiere no hablar.

La publicación en cuestión intenta ser una burla a los cubanos que pagan rentas hoy dispersos por el mundo, en especial a los cubanos de Miami. Y yo no sé ustedes, pero yo pago con mucho orgullo mi renta, mi electricidad, mi gas, mi Internet; incluso pago con orgullo la universidad privada a la que asisto, porque todo sale de mi esfuerzo. Y después de poner todo en una balanza, esta se va de un solo lado.

Siempre voy a preferir pagar la renta y mis servicios y vivir en libertad, en abundancia y con respeto a mi dignidad y mis derechos, a vivir en Cuba sin pagar renta pero adoctrinado desde niño, viendo cómo automatizan el cerebro de mis hijos en la escuela, con temor siempre a la injusticia y al policía que toca a la puerta, escuchando mentiras en las noticias, oscuro de libertad y de bombillo, callado, reprimido y obligado a pensar como me dictan, sin derecho a servicios básicos, muerto de hambre, sin medicamentos para curar enfermedades e intentando vivir del invento porque el trabajo y el salario no sirven para vivir.

El tipo es tan absurdo, incapaz y frustrado que por estos días anda celebrando que llegó a 25.000 seguidores, aún cuando es consciente de que nueve de cada diez de ellos son personas que están allí solo para ofenderle o desmontar sus ofensas y mentiras. El tipo no publica para seguidores, publica para haters. Su objetivo no es informar, enseñar ni convencer. Sus únicos objetivos son irrespetar, ofender, tergiversar y mentir.

Si el Guajiro fuera sincero, diría la verdad, pero no puede porque fue un incapaz, un idiota ante el estudio y el trabajo, que debe asumir que todo el mundo lo es y sumarse a la propaganda y las mentiras de un aparato político que lo recibió, lo aupa, lo mantiene sin trabajar y lo protege.

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