
Gerrit Cole subirá al montículo de Doble-A, y los Yankees ya cuentan los días para su regreso
Por Robert Prat ()
Nueva York.- Hay algo en el sonido de una costura contra el aire, en el eco seco de una recta golpeando el guante, que no se olvida. Para Gerrit Cole, ese sonido ha sido un recuerdo durante catorce meses. Desde que en marzo de 2025 se sometió a la cirugía Tommy John que lo arrancó del montículo y lo sumió en la penumbra interminable de la rehabilitación, el as de los Yankees ha vivido a base de simulacros, cronómetros y promesas.
Pero este viernes, finalmente, la espera termina. Cole hará su primera apertura de rehabilitación con el equipo de Doble-A Somerset, según anunció el manager Aaron Boone. No será el Bronx, pero es el camino de regreso.
El domingo pasado, Cole lanzó 42 pitcheos en tres entradas durante una práctica de bateo en vivo. Nada espectacular para quien ganó un Cy Young en 2023, pero todo para quien ha debido reconstruirse desde los tendones. «No tengo quejas», dijo el lunes, con esa mezcla de perfeccionismo y alivio que lo caracteriza.
«La resistencia fue buena. Los pitcheos están bien, son buenos. Estoy siendo un poco quisquilloso, pero todo está bien». Boone, más cauto, explicó antes del juego del jueves contra los Angelinos: «Esperamos que empiece el viernes y a partir de ahí lo iremos preparando. Incluso cuando regrese con nosotros, probablemente seremos prudentes con él».
Listo para junio
Los Yankees anticipan que Cole estará de vuelta en junio. Pero en el universo de las Ligas Mayores, junio es un espejismo si no se transita el desierto de las menores. Por eso la organización aprovechará cada día de los 30 que la MLB otorga a los lanzadores en asignaciones de rehabilitación —y las tres extensiones consecutivas de 10 días permitidas para quienes vuelven de una Tommy John.
Cole, de 35 años, no ha lanzado en competencia desde que abrió el Juego 5 de la Serie Mundial de 2024. Ese octubre, con el título escapándose entre los dedos, quedó grabado como el último acto antes del quirófano.
Mientras Cole se prepara para enfrentar a bateadores de Doble-A, otro brazo de peso sigue su propio calvario. Carlos Rodón, operado del codo izquierdo en octubre para extraer fragmentos de hueso, lanzará otra sesión de práctica de bateo en vivo el sábado en lugar de iniciar una asignación de rehabilitación.
El zurdo acumuló 50 pitcheos el lunes en el Yankee Stadium, pero Boone no apresura los procesos. La paciencia, en estos casos, no es una virtud sino una necesidad. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre Cole y Rodón: el primero ya sintió la adrenalina de dos juegos de entrenamiento primaveral; el segundo no lanza en un partido desde la postemporada de octubre.
Cole no viajará solo a Somerset. Lo acompañará Anthony Volpe, el campocorto que en octubre se sometió a una cirugía para reparar un desgarro parcial del labrum en su hombro izquierdo. Volpe jugó su primer juego de rehabilitación el martes, enfrentándose nada menos que a Zack Wheeler, el as de los Filis, también en recuperación. Terminó de 2-0 con dos ponches, pero lo importante fue sentirse vivo sobre el terreno.
«Quiero correr las bases», dijo Volpe. «Quiero lanzarme al agua». Su regreso está pautado: jueves, viernes y domingo en Somerset, y la semana que viene quizás en Triple-A. El objetivo es recuperar el ritmo de sus años de novato, antes de que el hombro lo traicionara.
Volpe jugó lesionado la mayor parte de la temporada pasada. Los números no mienten: un wRC+ de 83 y un fWAR de 1.0 en 153 juegos. Pero en su ausencia, José Caballero ha sido una revelación intermitente. El lunes robó tercera y anotó la carrera de la victoria. El miércoles, con un doble de dos carreras, completó una remontada que parecía imposible.
Claro, también batea para .186 con un OPS de .543. Es la paradoja de este equipo: los héroes aparecen cuando nadie los espera, pero la estabilidad solo la devuelven los que alguna vez fueron estrellas. Por eso, cuando Cole suba al montículo este viernes en Somerset, no será solo un paso más en su rehabilitación. Será la promesa de que, en algún lugar del futuro inmediato, el sonido de una recta volverá a retumbar en el Bronx.






