
El silbido que lo dice todo
Por Yoyo Malagón ()
Madrid.- El miércoles fue el Gamper. El día bonito, el de las presentaciones, el de los abrazos de mentira y los aplausos de verdad. Salieron todos: los cracks, los nuevos, hasta Rodri, que se llevó el cariño de la grada. Pero entonces, el Camp Nou se heló. Saltó Frenkie de Jong y el cariño se convirtió en pitos. No fue un murmullo, fue una sentencia en directo. Y ojo, que nadie se sorprendió.
El problema no es de ahora. Viene de lejos, de ese Mundial en el que jugó con una venda. Forzó, se lesionó, y cuando cayó eliminado, en vez de poner rumbo a Barcelona, se fue de vacaciones. Como si nada. El club tuvo que apretarle para que volviera a la Ciudad Deportiva. Y cuando por fin vino, las pruebas confirmaron lo que todos sabían: la lesión era gorda.
Y entonces llegó lo mejor. Todos los médicos le decían que se operara, pero él dijo no. Prefirió un tratamiento conservador, ese que suena bien pero que raramente funciona. El resultado: dos meses perdidos para acabar en el quirófano y despedirse de media temporada. En el club, ese capricho les ha sentado como un puñetazo. Porque no es solo una lesión, es una decisión que huele a desprecio.
La perdida de la capitanía
Claro, el jugador se enfadó. Salió a hablar, a criticar a los medios, a defenderse. Pero lo que hizo fue echar más leña al fuego. Dijo cosas que no eran verdad, se puso a la prensa en contra y, encima, se calló lo que le interesaba. Quería limpiar su imagen y lo que consiguió fue mancharla más. Y ahí llegó el golpe de gracia: fuera de la capitanía.
Flick fue educado, dijo que era por la lesión. Pero si hubiera querido, le habría dejado ser capitán. No lo hizo. Y los que saben, los que huelen el vestuario, dicen que el técnico está que trina. Por mucho que hable bien en rueda de prensa, el mosqueo es real. Y en un club donde el ambiente ya es un polvorín, este tipo de tensiones no se perdonan.
Ahora, ¿qué pasa con Frenkie? Nadie lo sabe. Renovó, sí, pero las voces que piden su venta empiezan a sonar fuertes. Ahora, lesionado, es complicado. Pero en invierno, si esto sigue así, no se descarta nada. Habrá que ver cómo reaccionan los pesos pesados cuando toque elegir capitanes. Porque el Camp Nou ya ha hablado. Y su silbido, amigos, es el único titular que importa.



















