Felton vuelve a parar en medio de la mayor crisis energética de la dictadura cubana

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La Central Termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, de Felton, volvió a quedar fuera de servicio este jueves para acometer una reparación en el bloque uno, una noticia que llega en medio de una crisis eléctrica que el régimen cubano lleva años sin poder resolver.

La Unión Eléctrica informó que la planta inició el proceso de enfriamiento para acceder a una avería localizada cerca del domo de la caldera, donde una fisura provocó un aumento del consumo de agua y obligó a reducir la generación durante los últimos días.

La reparación puede extenderse durante varias jornadas debido a las condiciones térmicas de la instalación y a los trabajos de soldadura previstos. Los responsables de la planta aseguran disponer de los recursos necesarios y anunciaron cerca de 80 acciones, entre ellas intervenciones en calentadores y labores dentro del área de caldera.

Todo esto suena muy bien en el papel, aunque el cubano lleva demasiado tiempo escuchando planes, recorridos, inversiones y promesas de recuperación que terminan chocando contra la misma realidad: apagones cada vez más largos y un sistema eléctrico incapaz de sostener una generación estable.

El problema adquiere mayor gravedad al recordar que el bloque dos de Felton permanece averiado desde el incendio ocurrido durante su arranque, después de un mantenimiento parcial realizado en 2022.

Aquella reparación debía aportar unos 220 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional durante el verano de ese año. Cuatro años después, el país sigue esperando que esa promesa se convierta en electricidad. Una termoeléctrica considerada entre las más «eficientes» de Cuba tiene ahora uno de sus bloques fuera de servicio y el otro sometido a una nueva intervención.

Hasta Felton llegó Joel Queipo Ruiz, primer secretario del Partido Comunista en Holguín, para revisar preparativos, recursos y condiciones logísticas. El recorrido del funcionario vuelve a mostrar una de las escenas habituales de la Cuba oficial: dirigentes visitando instalaciones, examinando rutas críticas y hablando de soluciones técnicas, mientras en los hogares los cubanos siguen contando las horas de electricidad disponibles.

El régimen puede organizar cuantos recorridos quiera; ninguna visita política sustituye el mantenimiento acumulado durante años ni devuelve la estabilidad perdida del sistema energético.

Felton no es simplemente la historia de una avería más. Es el reflejo de un modelo que ha sido incapaz de garantizar una infraestructura eléctrica funcional después de décadas de control absoluto sobre la economía.

Cada reparación se anuncia como un paso hacia la recuperación y cada avería vuelve a recordar la fragilidad del sistema. Los cubanos no necesitan otra promesa de que la situación mejorará: necesitan electricidad.

Después de tantos años de excusas, recorridos oficiales y bloques paralizados, la pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo tendrá que resistir el pueblo mientras el régimen continúa sin encontrar una solución definitiva?

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