Fallece a los 62 años José «Piculín» Ortiz, leyenda del baloncesto puertorriqueño

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Redacción Deportiva

San Juan.- José «Piculín» Ortiz, miembro del Salón de la Fama de la FIBA y una de las grandes leyendas del baloncesto puertorriqueño, falleció en la madrugada de este martes a los 62 años. El exjugador, que padecía cáncer colorrectal desde hacía años, pasó sus últimas horas ingresado en el Hospital Ashford de San Juan, donde se encontraba desde el pasado 1 de mayo. Estuvo acompañado por su esposa, Sylvia Ríos, su hija Neira, familiares y allegados.

El pívot de 2,08 metros es uno de los pocos jugadores que ha vestido las camisetas del Real Madrid y del Barcelona en España. Tras una primera etapa en el CAI Zaragoza (1987-88), donde promedió 17,4 puntos, dio el salto a la NBA con Utah Jazz en 1988. Tras dos temporadas sin mucho protagonismo, fue cortado en febrero de 1990 y fichó por el Real Madrid. En verano, al no contar con la confianza del entrenador Wayne Brabender, se marchó al Barça, donde ganó la Copa de 1991 y fue subcampeón de la Copa de Europa.

Su carrera en España continuó en Andorra (1992-93) y Málaga (1993-94), y el resto de su trayectoria la pasó entre Puerto Rico y Grecia, donde con el Aris ganó una Copa Korac. Tras una sanción por dar positivo en estanozolol, recurrió la suspensión y logró que se anulara un contrato de un millón de dólares por temporada con el PAOK. Finalmente, se retiró en su país a los 43 años. Tras colgar las zapatillas, atravesó problemas con el alcohol y las drogas, estuvo arruinado y regentó una pizzería que quebró.

Cuatro Juegos Olímpicos

Ortiz fue un clásico de la selección de Puerto Rico, con la que debutó en 1983 y disputó cuatro Juegos Olímpicos (1988, 1992, 1996 y 2004) y cuatro Mundiales (1990, 1994, 1998 y 2002). Su momento más glorioso llegó en Atenas 2004, cuando Puerto Rico derrotó 92-73 a Estados Unidos. En aquel partido histórico, Ortiz anotó 8 puntos y capturó 6 rebotes con 40 años. Fue uno de los líderes de aquella generación que también incluyó a Jerome Mincy.

Considerado un grandísimo pívot, su carrera estuvo limitada en ocasiones por la falta de disciplina y sus problemas fuera de las pistas. A pesar de todo, dejó una huella imborrable en el baloncesto puertorriqueño e internacional. Su fallecimiento ha generado una ola de reacciones en el mundo del deporte, que despide a un jugador que supo brillar en las mejores canchas del mundo y que llevó el nombre de Puerto Rico a lo más alto.

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