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Por Joaquín Artiles ()
Santa Clara.- Debido al famélico estado de las baterías de nuestros celulares y con la idea de socializar en familia, decidimos dejar los teléfonos en el cuarto y sentarnos a conversar en la cocina comedor. Nos dio por temas de antropología, paleontología, geología…vaya, temas profundos. Comentamos sobre algunos hallazgos importantes para ir tejiendo la verdadera historia del ser humano. Profundizaba sobre el hombre de Neardenthal cuando la lámpara de emergencia se apagó. Eran pasadas las nueve de la noche y ya se transitaba por la décima hora de apagón. Los nervios ya están activados, tensos, listos para sedante fuerte o camisa de fuerza.
En el momento en que se apagó, la casa quedó en una tiniebla profunda. Del exterior no llegaba luz. ¿De dónde va a llegar luz? Pasé mis manos delante del rostro y no veía nada. Confieso que por un momento creí haberme quedado ciego. Todos los demás mencionaron sus cegueras y eso me devolvió la calma. La primera propuesta fue reeditar el grupo Los 5 U 4, pero no estamos para canciones.
Como un ciego experimentado, fui tocándolo todo en busca de una fosforera. Cerré los ojos pues estaban abiertos solamente para coger polvo. Me brindé como voluntario a buscar un teléfono. Puesto de pie, pedí opiniones sobre hacia dónde caminar. Democráticamente me dijeron que al suroeste y dejé mi foto de cuerpo entero en el Haier. Torcí diez grados al sur y salí al pasillo, luego al oeste noroeste y le metí la frente a la pared. No veía mis manos pero las sabía zapadoras.
Pisé un camión de juguetes y casi cojo botella. Dejé parte de mi cadera en el librero y dos onzas de piel en el marco de la puerta. Respiré al saberme ya en el cuarto. Solo seis pasos me separaban de los teléfonos pero el peligro aumentaba. El corazón andaba al galope pues el niño había jugado allí y el piso era un campo minado. Pasé sobre Pinocho, Spiderman, Donald Duck y tres o cuatro medios de transporte.
Toqueteando la cama, doblé a la izquierda, choqué con la mesita de noche y llegué a un teléfono. Al abrirlo lo sentí agonizando, en 2 de carga. Los ángeles ya esperaban el momento del ascenso. A su lado el mío, lucía un 6 altruista. Encendí la linterna y constaté que aún podía ver. Aterrorizada, me esperaba la familia. Logramos concluir la conferencia sobre los hombres, mujeres y niños de Neardenthal, con clase práctica incluida. Que venga la prueba cuando quieran y hasta los mamuts.