Díaz-Canel tiene miedo y pide ayuda a la Comunidad Internacional

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, salió este sábado con el rabo entre las piernas a pedirle auxilio a la comunidad internacional, como si el régimen que ha oprimido a su propio pueblo durante seis décadas ahora mereciera alguna lástima.

Desde sus redes sociales, el mandatario lanzó un llamado desesperado para que el mundo «determine» si permitirá que Estados Unidos ataque militarmente la isla, después de que Donald Trump anunciara que tomará el control de Cuba «casi de inmediato».

Lo que antes era bravuconería revolucionaria ahora se reduce a un berrinche geopolítico: «La comunidad internacional ha de tomar nota», dijo el dignatario, olvidando que esa misma comunidad lleva años documentando sus violaciones a los derechos humanos.

Díaz-Canel denunció que las amenazas de Trump buscan «satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación», una clara referencia a la comunidad cubanoamericana en el sur de Florida. Pero el líder cubano omite, convenientemente, que esos exiliados huyeron precisamente del castrochavismo que él representa.

Llama la atención que un presidente que no tolera la disidencia interna pretenda ahora que los demócratas del mundo salgan a proteger su dictadura. La hipocresía no tiene límites en La Habana: piden respeto a la soberanía mientras encarcelan a cualquiera que se atreva a pedir libertad.

Trump arrecia las presiones

Eso sí, para no quedar del todo como un líder acorralado, Díaz-Canel agregó una advertencia patética: «Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba». «Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía», afirmó. Pero ese mismo pueblo, el real, no el de los mítines oficialistas, lleva años tropezando con la miseria, los apagones y la falta de medicinas.

El miedo de Díaz-Canel no es a Trump; es a que los cubanos de a pie, los que no desfilaron el Primero de Mayo por obligación, descubran que el mayor peligro para la isla no viene del norte, sino del palacio presidencial.

Mientras tanto, Trump mantiene su artillería retórica y también real. El republicano aseguró que primero terminará el «trabajo» en Irán y luego desplazará de vuelta al Caribe al portaaviones USS Abraham Lincoln.

Y este mismo viernes, su administración redobló las sanciones contra los pilares económicos de la dictadura: energía, defensa, minería y servicios financieros. Cualquier empresa que negocie con el gobierno cubano enfrentará el bloqueo total de sus activos en EE.UU. Esa es la presión que realmente duele, no los discursos huecos de un mandatario que ni siquiera puede garantizar el pan diario en La Habana.

El miedo… y hacerse la víctima

La semana fue aún peor para los intereses castristas. El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de albergar servicios de inteligencia de adversarios de Washington, y el Senado estadounidense rechazó una propuesta demócrata para limitar posibles operaciones militares contra la isla.

Desde enero, la Casa Blanca ha intensificado el bloqueo petrolero y Trump ha hablado abiertamente de cambio de régimen. Ante este panorama, a Díaz-Canel no le queda más que llorar en las banquetas internacionales y convertir el Primero de Mayo en un acto de propaganda forzada.

Pero el mundo no es tonto. La comunidad internacional sabe que el verdadero show no es la amenaza de Trump, sino la fragilidad de un régimen que necesita mendigar solidaridad mientras niega los derechos más básicos a su pueblo.

Si Díaz-Canel realmente no tuviera miedo, no estaría suplicando ayuda. Si su dictadura fuera tan fuerte, no temblaría ante las palabras de un presidente estadounidense. Al final, el único criminal aquí no es el que habla desde la Casa Blanca, sino el que lleva décadas secuestrando una isla y ahora, acorralado, quiere hacerse la víctima.

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