Comparte esta noticia

Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Entre China y Estados Unidos hay un dilema fácil de entender. En este breve análisis trataré de explicarlo.

China, con su argumento de la Nueva Ruta de la Seda, ha colocado en el continente americano una gran cantidad de inversiones: desde puertos e industrias mineras hasta negocios difíciles de calcular. Las inversiones son enormes y, en muchos casos, realizadas en condiciones muy favorables para quienes las reciben.

Estados Unidos, por su parte, le ha vendido en bonos del gobierno a China una porción significativa de su deuda, que ya sobrepasa los 39 trillones de dólares. Los chinos no cambian de gobierno cada cuatro años como ocurre en Estados Unidos; por eso, la paciencia es una de sus mayores ventajas. En consecuencia, las presiones que hoy ejerce Trump podrían cambiar con una nueva administración.

Los chinos, presionados por la actual administración, abandonaron el Canal de Panamá y quizás tengan que retirarse de Argentina, Perú (eso está por verse) y de otros países que aceptaron sus préstamos considerados desventajosos. Sin embargo, eso lleva tiempo. Trump está tratando de sacar a China del continente y, para ello, tendría que deshacerse de todos aquellos gobiernos que aceptaron la Nueva Ruta de la Seda; por eso necesita apresurarse, porque en este caso el tiempo es esencial.

La influencia china en las cercanías

Desde esta perspectiva, el objetivo de China sería ampliar su influencia sobre el mercado mundial y desplazar a Estados Unidos de esa ecuación. Y podría hacerlo porque, si llegara a apoderarse de Taiwán, tendría acceso a una industria estratégica como la de los microchips, que hoy tiene un peso determinante en la economía global. Ya posee una parte importante de la deuda estadounidense; solo le faltaría aumentar su influencia sobre el mercado mundial, y eso es lo que Trump busca evitar.

¿Lo logrará? Para ello tendría que limitar los espacios de influencia que China mantiene en Cuba. Una cosa queda clara, desde mi punto de vista: China tendría que abandonar parte de sus intereses en el continente americano; de lo contrario, los estadounidenses tendremos que ir al gimnasio a pie o en bicicleta.

Por eso, Cuba es la próxima. No porque los estadounidenses quieran sacarnos las castañas del fuego, sino porque quienes hoy tienen las castañas en el fuego son ellos.

Mis esperanzas se basan en que los americanos acabarán sacando al castrismo de Cuba, no por la libertad de cubanos, sino porque no le queda otra salida, de lo contrario China se convierte en la mayor potencia del mundo y los americanos tendríamos que hablar mandarín.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy