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Cuando el pragmatismo supera la nostalgia: el giro en el debate anexionista

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Hoy conversé con un politólogo muy respetado dentro del exilio, a quien estimo mucho. No es la primera vez que debatimos sobre la anexión, pero esta vez el intercambio fue distinto. Él siempre ha defendido una visión más martiana, más tradicional en torno a la soberanía, y durante años ese marco histórico le bastaba para descartar cualquier planteamiento anexionista.

Sin embargo, en esta conversación me dijo algo que no me había dicho antes: nunca había escuchado la anexión desde un enfoque tan pragmático, tan basado en contexto, oportunidad y resultados concretos.

Le expliqué que no hablo desde la emoción ni desde la nostalgia, sino desde una lectura estratégica del momento político y de las realidades económicas. No como consigna, sino como opción seria que debe ponerse sobre la mesa para que el pueblo decida.

No me dijo que estaba convencido, pero sí reconoció que mis argumentos tienen base sólida y que no son fáciles de rebatir.

Cuando señalo que el exilio masivo es una evidencia empírica de qué modelo prefieren millones de cubanos, no estoy apelando a símbolos, estoy apelando a hechos.

Luego vino la advertencia más cruda. Me dijo que el obstáculo no es solo la dictadura, sino también el establishment opositor. Grupos que llevan décadas promoviendo modelos de transición, documentos, consensos y estructuras que ya tienen aspiraciones de poder definidas.

Que mi propuesta no contradice a una persona, sino a todo un ecosistema político construido durante años. Por eso no habrá invitaciones fáciles ni espacios espontáneos.

Mientras menos se hable del tema, más cómodo es para quienes ya se ven gobernando en un escenario futuro. Que yo tengo mucho capital político y no pueden ridiculizarme como han hecho con el resto de anexionistas.

Al final entendí algo aún más claro: muchos saben que la anexión es la mejor opción porque es la única que tiene pruebas reales y visibles, pero también saben que bajo ese escenario no habría presidencias soñadas, ni partidos nuevos que fundar, ni cuotas de poder que repartir.

Ellos tienen ideas y modelos teóricos; yo tengo millones de pruebas vivas: cada cubano que hoy vive plenamente en los Estados Unidos, que prospera, que trabaja, que emprende y que disfruta la libertad.

La resistencia no es solo ideológica, es también personal.

Esto no es cuestión de discursos, es cuestión de resultados comprobables. Los cubanos que queremos anexión tenemos que hacernos ver y sentir con claridad y firmeza, porque el pueblo de Cuba no merece un cambio fraude ni otra transición diseñada para repartir poder entre los mismos de siempre.

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