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A las ciberclarias que me visitan

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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- En un país con tanta ignorancia cualquiera puede gobernar, porque no hace falta gobernar a gente que no saben que los están gobernando. Cuba es el mayor ejemplo ¿Cómo puede alguien defender o justificar a los responsables de tanta miseria? No importa si lo hacen por intereses, por miedo, o por adular al poder, el caso es que hay que estar ciego para estar en medio de un pueblo y decir que no existen casas.

En Cuba se ha instalado durante décadas una distorsión peligrosa: la normalización de la precariedad y el silencio. En un país donde la desinformación y el miedo han sido herramientas de control, gobernar no siempre significa administrar bienestar, sino administrar percepciones como aquella de confundir gobierno con patria y comunismo con soberanía. Y cuando las percepciones están moldeadas por la propaganda o la necesidad, el poder se vuelve cómodo, muy fácil de ejercer.

Justificaciones increíbles

¿Cómo se puede justificar tanta miseria? ¿Cómo se puede mirar a un pueblo que vive entre apagones, escasez y viviendas en ruinas, y afirmar que no existe crisis? No importa si la defensa del poder nace del interés personal, del temor a represalias o del simple deseo de agradar a quienes mandan. El resultado es el mismo: se niega la realidad cotidiana de millones.

Lo más grave no es solo la pobreza material, sino la pobreza cívica que se intenta sembrar. Porque cuando una sociedad deja de cuestionar, deja también de exigir. Y cuando deja de exigir, el poder deja de rendir cuentas.

Cuba no es un país sin talento ni dignidad; es un país donde durante demasiado tiempo se ha intentado sustituir la verdad por consignas. Pero la realidad, por más que se oculte, siempre termina imponiéndose. Y ningún discurso puede tapar indefinidamente lo que se vive en la calle.

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