
Otra ‘solinera’ para cargar carros, celulares y la paciencia de los cubanos
Por Yeison Derulo
La Habana.- Cuba acaba de inaugurar otra “solinera”, esa palabra que parece salida de una reunión del Partido para bautizar una gasolinera que no tiene gasolina. Esta vez fue en el parqueo de Playa del Megano, en La Habana del Este, a unos 20 kilómetros de la capital.
La instalación funciona con paneles solares y tiene varios puntos de carga para vehículos eléctricos. Hasta ahí, todo bonito. El problema empieza cuando uno recuerda que en la Cuba de Miguel Díaz-Canel hay familias que pasan buena parte del día esperando que regrese la corriente para poder cocinar, conservar los pocos alimentos que tienen o cargar un teléfono.
Las autoridades dicen que la transformación energética “ya es una realidad”. Magnífico. A mí me gustaría saber si esa realidad también llegó a los barrios donde el apagón dura días, donde una persona tiene que escoger entre cargar el celular o conectar una olla arrocera, donde un ventilador encendido parece un artículo de lujo.
La nueva “solinera” tendrá además un servicio comunitario. Los vecinos podrán cargar desde teléfonos celulares hasta ollas arroceras. Una especie de estación de servicio para sobrevivir al apagón.
Ahí está la contradicción
El régimen presume de energía renovable, paneles solares y vehículos eléctricos, en una isla donde el sistema eléctrico nacional se cae a pedazos. No hace falta ser ingeniero para entender que poner unos paneles solares no resuelve décadas de abandono, falta de inversión y una administración incapaz de garantizar algo tan elemental como la electricidad.
En el Cerro ya funciona otra instalación de este tipo que, según datos oficiales, produjo más de 3.000 kilovatios-hora en un mes. En Villa Clara también han levantado otras. La de la comunidad de Virginia, por ejemplo, tiene 56 paneles, 30 kilovatios de potencia y 60 kilovatios-hora de almacenamiento.
Todo eso puede sonar maravilloso en una presentación oficial. El cubano de a pie, sin embargo, necesita algo mucho más sencillo: que cuando llegue la noche, haya corriente.
La dictadura lleva años hablando de cambiar la matriz energética y ahora anuncia que espera alcanzar un 15 % de energías renovables en 2026; 24 % en 2030; 40 % en 2035 y el 100 % en 2050.
Para ese entonces, si las promesas siguen teniendo la misma velocidad que las soluciones del régimen, probablemente estaremos inaugurando la “megafotovoltaica definitiva”, con funcionarios vestidos de guayabera explicando las bondades de la energía limpia, mientras algún cubano todavía espera que le devuelvan la corriente.
El problema de Cuba no es solamente el combustible que falta. También están las termoeléctricas envejecidas, las averías constantes, la falta de mantenimiento y la ausencia de inversiones suficientes. A eso se suma una economía incapaz de sostener el sistema energético.
La dictadura necesita explicar también sus propias responsabilidades. Culpar eternamente a Washington no prende una termoeléctrica, no repara una turbina y tampoco consigue que un refrigerador mantenga fría la comida de una familia.
Una “solinera” puede ser útil. Los paneles solares también. La energía renovable es una alternativa necesaria para cualquier país serio. Nadie discute eso.
Lo que resulta difícil de aceptar es el contraste entre la propaganda y la realidad.
En una Cuba donde millones de personas viven pendientes del horario del apagón, inaugurar un parque solar para cargar carros eléctricos y ollas arroceras tiene algo de chiste macabro.
Primero habría que lograr que la olla tenga corriente en la casa. Después hablamos del carro. Y si algún día conseguimos ambas cosas, quizás podamos sentarnos a discutir la famosa transformación energética.
Por ahora, sigamos cargando el celular en la “solinera”, a ver si también inventan una que permita cargar la paciencia de un pueblo que lleva demasiado tiempo viviendo a oscuras.






