
La Embajada empaca y la dictadura sigue escondiendo
Por Yeison Derulo
Santo Domingo.- La República Dominicana puso fecha límite y, como por arte de magia, en la Embajada de Cuba en Santo Domingo aparecieron las cajas. Decenas de ellas.
Un equipo periodístico de ACD Media captó el movimiento dentro y alrededor de la sede diplomática mientras se acercaba el plazo establecido para que nueve funcionarios cubanos abandonaran el territorio dominicano. Las imágenes muestran personal sacando cajas y cerrando posteriormente la puerta de la representación cuando los periodistas intentaban documentar lo que ocurría en el interior.
Un ciudadano cubano incluso les advirtió que no podían continuar filmando. Y aquí viene lo interesante.
No sabemos qué contienen las cajas y sería irresponsable afirmar que allí había documentos comprometedores, dinero, equipos de inteligencia o cualquier otra cosa. Las imágenes, por sí solas, no demuestran eso.
Pero tampoco podemos hacernos los tontos. Cuando una representación diplomática comienza a vaciar oficinas precisamente antes de la salida obligatoria de varios de sus funcionarios, el movimiento merece preguntas. Muchas preguntas.
¿Por qué tanta prisa? ¿Qué estaban retirando? ¿Qué documentos estaban siendo trasladados? ¿Quién ordenó recoger todo? ¿Y por qué tanta preocupación por impedir que las cámaras vieran hacia el interior?
La dictadura cubana tiene una vieja costumbre: pedir transparencia cuando le conviene y cerrar las puertas cuando alguien intenta mirar hacia adentro. Ahí está el problema.
El régimen de La Habana se ha pasado décadas hablando de soberanía, dignidad, diplomacia y respeto entre Estados, mientras mantiene una estructura política donde la información pública está controlada, la prensa independiente es perseguida y cualquier ciudadano que intente investigar lo que ocurre dentro del poder termina chocando contra una pared.
Entonces resulta curioso ver cómo la Embajada de Cuba en Santo Domingo baja la cortina precisamente cuando hay periodistas mirando. No hay que inventar conspiraciones. No hace falta.
La propia imagen basta para hacerse una pregunta sencilla: ¿qué tiene que esconder una representación diplomática que no pueda ser visto por una cámara desde el exterior?
La República Dominicana tomó una decisión soberana al exigir la salida de nueve funcionarios cubanos. Y eso debería ser suficiente para que La Habana entendiera que sus relaciones exteriores no pueden funcionar como una extensión de las prácticas opacas que utiliza dentro de Cuba. Una cosa es la diplomacia y otra muy distinta es utilizar la diplomacia como escudo.
Durante décadas, el régimen ha vendido hacia afuera una imagen de respetabilidad internacional que contrasta brutalmente con lo que ocurre dentro de la isla. Hablan de solidaridad, cooperación y derechos mientras en Cuba continúan las restricciones contra periodistas independientes, opositores y ciudadanos que cuestionan al poder.
Y esa contradicción ya no sorprende a nadie. Ahora vemos cajas. Mañana sabremos qué había dentro, si algún día se informa.
Mientras tanto, conviene quedarse con los hechos: nueve funcionarios debían abandonar República Dominicana, se produjo un intenso movimiento en la embajada y decenas de cajas fueron retiradas antes del vencimiento del plazo.
Lo demás son preguntas. Y precisamente eso es lo que más incomoda a una dictadura: que alguien pregunte. Porque una democracia puede soportar una cámara, una investigación y hasta una pregunta incómoda.
Una dictadura, en cambio, prefiere cerrar la puerta. República Dominicana puso fecha límite. La embajada comenzó a empacar. Y otra vez el castrismo nos recuerda que, cuando llega la hora de rendir cuentas, lo primero que desaparece no son las cajas.
Es la transparencia.






