
Cuando una pala desconectó a un país
Por Rafa Junco ()
Madrid.- El 28 de marzo de 2011, una pala golpeó un cable enterrado cerca de Tiflis. Horas después, buena parte de Armenia había perdido su conexión con internet. La mujer que estaba cavando tenía 75 años y fue identificada como Hayastan Shakarian. Buscaba metal que pudiera vender como chatarra cuando encontró bajo tierra una infraestructura mucho más valiosa de lo que imaginaba. Las autoridades georgianas sostuvieron que, al intentar extraer cobre, dañó un importante cable de fibra óptica.
Aquel conducto formaba parte de una de las principales rutas digitales del Cáucaso. La conexión llegaba desde Europa hasta el puerto georgiano de Poti, junto al mar Negro, atravesaba Georgia y después se ramificaba hacia Armenia y Azerbaiyán.
Aproximadamente el 90 % del tráfico de internet armenio dependía entonces de enlaces que atravesaban territorio georgiano. Cuando el cable quedó interrumpido, los principales proveedores armenios perdieron gran parte de su conectividad internacional. Algunos consiguieron desviar tráfico por rutas alternativas a través de Irán, pero millones de usuarios permanecieron sin servicio durante horas.
La lección
La avería activó los sistemas de vigilancia de la red. Los técnicos rastrearon el corte y la policía terminó localizando a Shakarian. Ante periodistas, la mujer negó haber destruido el cable y aseguró que ni siquiera sabía qué era internet. Las autoridades, por su parte, afirmaron que anteriormente había reconocido haberlo cortado. Fue acusada de daños a la propiedad, delito que podía comportar hasta tres años de prisión, aunque quedó en libertad mientras continuaba la investigación debido a su edad.
El incidente llamó la atención de especialistas en telecomunicaciones porque reveló una vulnerabilidad mucho mayor que la acción de una sola persona. Una enorme cantidad de información dependía de un tramo físico de fibra que podía quedar expuesto por movimientos del terreno, lluvias o excavaciones. Internet parecía una red intangible distribuida por todo el planeta. Aquella mañana en Georgia recordó su realidad material.
Detrás de millones de correos, páginas web y conexiones había un cable enterrado junto a una vía ferroviaria. Y durante unas horas, bastó una pala para demostrar lo importante que era.






