
Mientras Tim tiene, Tim vale, si Tim no tiene, ni Tim-v(b)ale…
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- Había una vez un país donde la palabra de un solo hombre era ley; y su voluntad, el destino de todos.
Tim era un tipo fuerte y leal, que había dedicado su vida a servir a ese Hombre. Había luchado en guerras lejanas, cruzado océanos y montañas, y siempre había regresado con historias de valor y medallas en el pecho. ¡Era un héroe, decían todos! ¡Un ejemplo de lo que significa ser un verdadero servidor!
El Hombre lo llenaba de elogios y le confiaba misiones importantes. ¡Tim era su mano derecha, su hombre de confianza! «Mientras Tim tenga el favor del Jefe, vale mucho», decían los chismosos, con una sonrisa maliciosa.
En ese país la fortuna cambia tan rápido como el viento caribeño. Un día las noticias de un negocio turbio llegaron a oídos del Hombre. Se hablaba de mercancías ilegales, de secretos ocultos, de una red que se extendía más allá de las fronteras.
El Hombre, oliendo peligro inminente para su poder, decidió actuar con mano dura. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, Tim, el héroe, el amigo, se convirtió en el enemigo. Fue acusado de ser el cerebro detrás de ese negocio turbio, el responsable de toda la maldad descubierta.
¿Pero cómo es posible que un tipo tan leal, tan condecorado, se haya vuelto tan corrupto de la noche a la mañana? Las dudas empezaron a rondar en la mente de la gente. ¿Sería posible que el Hombre, que todo lo sabía, no estuviera al tanto de nada? ¿O sería que había manos invisibles que se habían beneficiado de ese negocio y que ahora querían limpiarse usando a Tim como chivo expiatorio?
Las historias empezaron a circular. Se hablaba de voces secretas que se escuchaban en los pasillos del poder, de conversaciones que involucraban al Hombre y a otros altos mandos. Pero nadie se atrevía a hablar en voz alta, por miedo a terminar como Tim, silenciado y condenado.
El juicio fue rápido y el veredicto implacable. Tim, el héroe, fue fusilado antes de que el sol volviera a salir. Sus medallas fueron olvidadas, su nombre borrado de los libros de historia, su legado empañado por la vergüenza.
Apréndete siempre esto: en el juego del poder, no hay amigos, no hay héroes, solo peones que se mueven y se sacrifican a voluntad. La historia de Tim y del Hombre todavía resuena en los vientos de ese país, como un recordatorio de que en el mundo del poder, la verdad siempre es la primera víctima.
(Dedicado a todos los policías, militares, funcionarios y militantes del pececé cubano)






