El mismo guion de siempre: Argentina, el VAR y el favor del silbato

Comparte esta noticia

Por Yoyo Malagón (Enviado Especial)

Miami.- Otra vez, señores. Otra vez el mismo teatro. Suiza lucha, corre, se deja la piel, y cuando ya tiene al gigante sudamericano contra las cuerdas, llega el VAR con su varita mágica para cambiar el guion. No fue un penalti inventado, no. Fue algo más sutil: una expulsión por “confusión de identidad”. ¿Perdón? ¿Desde cuándo el árbitro se confunde de jugador y la solución es castigar al que menos lo merece? Eso no es arbitraje, es prestidigitación.

Yakin lo dijo con la cara desencajada, y le creo. Porque si la norma dice que esa jugada es amarilla, entonces ¿por qué no hubo amarillas para las simulaciones argentinas? ¿Por qué no hubo tarjetas para las faltas tácticas que cortaron el ritmo suizo? La respuesta es simple: porque el criterio arbitral se dobla como un junco cuando sopla el viento albiceleste. Da igual que sea Pinehiro o cualquier otro, el patrón se repite.

Akanji no es un llorón, es un defensa serio. Cuando él dice que nunca jugó un partido tan desigual, hay que escucharle. Argentina no vio una amarilla en 90 minutos. ¿En serio? ¿Ninguna entrada dura? ¿Ninguna simulación en el área? Eso no es fútbol, es un paseo militar con escolta arbitral. Y luego, con uno menos, Suiza casi les planta cara. Pero claro, la épica solo vale si el beneficiado es el que vende más camisetas.

Las reglas no son iguales

Kobel y Freuler hablaron de incredulidad, y no les falta razón. Perder en penales duele, pero perder sintiendo que el césped estaba inclinado desde el principio, eso es un veneno que no se cura con el tiempo. El VAR se inventó para corregir errores, no para fabricar desigualdades. Pero cuando la revisión se usa para desempolvar una amarilla dudosa, y no para revisar un penalti claro a favor del débil, algo huele mal en la cabina de vídeo.

Los comentaristas suizos lo clavaron. Eso de que “Argentina no habría recibido nunca esa segunda amarilla” es la verdad que duele. Porque los fuertes son débiles con los débiles, y los árbitros, como los políticos, saben a quién le conviene hacerle un guiño. Este no es un caso aislado, es un patrón. Y mientras los suizos se van con la cabeza alta y el sabor amargo, los argentinos celebran otra victoria con el regalo bajo el brazo. El fútbol, a veces, es un cuento de hadas… pero solo para los mismos de siempre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy