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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Sin alimentos, sin electricidad, sin medicinas, sin agua potable, sin riqueza ni abundancia alguna; humillados hasta el escarnio por la pobreza más prolongada, desigual y mezquina, los cubanos han invocado, incansables, una sola idea: libertad.

Solo libertad.

Cuba no entra aún en el siglo XXI. Retrocede políticamente, cada día más, cada vez más, al tuétano oscuro, soberbio y despreciable del despotismo del que nacimos como Nación. De nosotros depende que acabe, por fin, el largo y terrible siglo XX en el que tantas esperanzas, noblezas e ideales fueron frustrados, sacrificados y traicionados.

En la existencia de ese anhelo —profundo, obstinado, poderoso— de libertad reside todo lo que hay que entender sobre lo que hoy está derrotado y lo que aún tiene que triunfar en Cuba.
Porque esa posibilidad es, desde siempre, el sueño político cubano.

Sigamos, cubanos.
Seguimos.

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