Disidencia y sudor: el precio de no ver la crisis

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- El lío con las «tácticas disuasorias» contra las voces divergentes es que no resuelven problemas, sino que los aumentan. Y los multiplican.

Hay una cosa cierta: todo gobierno debe trabajar para solucionar los problemas de un país —todos los problemas, desde los que vienen de afuera hasta los internos— y llevar a sus ciudadanos a una vida de prosperidad, no para exigirles un sacrificio sin final en respaldo a unos ideales intangibles y en nombre de conquistas efímeras y pasadas. Sin contar que para ello se hace de la falta de transparencia y de mecanismos títeres de aprobación el método de decisión. La solidez de futuro no debe ser un camino que comience a dos kilómetros interminablemente largos por delante, sino justo debajo de nuestros pies.

Si la jugada no funciona como debe, por los motivos que sea, habrá disidentes. Incluso en el caso de que funcione como debe ser, es necesaria la oposición. Por la libreta. Aquello de la unidad y lucha de contrarios como protagonistas del desarrollo sigue en pie. No es que sea una ley impuesta, sino una definición que se cayó de la mata observando el desarrollo social desde que el primer mono quería comerse el platanito y el segundo consideró más prudente almacenarlo.

A una crisis total —que declaran no existir, aparentemente porque tienen celdas solares y aire acondicionado todo el día, comida, autos con gasolina, medicinas e hijos estudiando fuera— se suma la represión contra el disenso, creando una barrera que más que controlar, trunca la conversación interna, el consenso.

«¿Si somos tan ineficientes dirigiendo el país, por qué nos bloquean?» —dice el gobierno a EE. UU. Apliquemos el mismo formato de pensamiento: ¿Si es ampliamente mayoritario el apoyo del pueblo a su forma de dirección, por qué se reprimen y apresan las poquísimas y desestimables voces negativas? ¿No es constancia de fuerza suficiente en masivas manifestaciones de apoyo?

Lo jodido es que no se publican pruebas de una disidencia «al servicio de una potencia extranjera». Y eso indica que es una disidencia al servicio de sus propias ideas, y como ciudadanos, tienen el derecho a pensarlas, decirlas y defenderlas. Cualquier cosa puede ser tildada de estar «contra la estabilidad y la gobernabilidad». Me pregunto cuántos errores del propio gobierno no han llevado y llevan el mismo propósito. ¡Hay presos cumpliendo condena por haber defendido las actuales medidas del paquetazo! La ley no es vestuario para cambiarlo según el día.

¿Quieren que esas medidas caminen como debe ser? Liberen a todos los presos políticos que «no existen en el país» —algo que hace rato no dicen. Será una señal de fortaleza, de seguridad, de establecimiento de una participación interna más plural. Faltarían otras medidas como darles a esas voces espacio en la mesa de decisiones. Pero un primer paso es posible. Y «aunque no sea el objetivo» —que «las medidas no lo son»—, todos los países lo verían como un paso positivo.

Las medidas económicas solas no van a resolver nada si no coexisten con un estado de derecho confiable, transparente y plural. El sesgo no alienta al negocio.

La gente está muriendo —sin drama, literalmente—, Cuba sí está en una fase de desastre humanitario. No verlo es no caminar la calle ni conocer lo que sucede con todos los que se meten una vida sin corriente, sin agua, sin medicinas, sin comida, sin esperanzas. Y son la inmensa mayoría. Quiten las plantas de sus casas, usen el transporte que usa todo el mundo, renuncien al «apoyo alimentario», a las entradas colaterales de recursos, medicinas y dinero. Vivir como el resto… dicen ustedes que no mata. Y yo opino que los va a llevar a entender lo que pasa.

Las sábanas no se nos mojan del deseo carnal llevado a efecto, sino de sudor. Un sudor pegajoso que no hay manera de impedir, aderezado con el polvo y la podredumbre que sale de nuestras calles. Y no podemos lavar esas sábanas ni reavivar esos deseos. Tampoco hay con qué. No hay que ser muy disidente para gritar que queremos vivir limpios y poder hacer el amor. Todos los que vinimos a hacer a este mundo.

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