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Por Oscar Durán

La Habana.- Hay países donde la noticia del día es un descubrimiento científico, una inversión millonaria o un avance tecnológico. En Cuba no. Aquí el gran acontecimiento nacional consiste en saber si la termoeléctrica Antonio Guiteras entró, salió o volvió a romperse. Ese es el nivel de miseria al que nos han acostumbrado hace ratón y queso.

Lo más triste es que ya muchos lo vemos como algo normal. Nos despertamos, agarramos el teléfono y lo primero que buscamos no es cuánto subió el dólar, cuántos alimentos hay en la Mipyme o qué novedad se tirará el Singa’o con su circo. No. Queremos saber si la Guiteras sincronizó con el Sistema Eléctrico Nacional, como si de eso dependiera la salvación de Cuba.

Y, en cierta medida, eso es precisamente lo que la dictadura quiere. Mantener al pueblo entretenido en esa novela interminable. Que si hoy salió por avería, que si mañana entra en la madrugada, que si el domingo estará al ciento por ciento de carga. Mientras tanto, nadie habla del verdadero problema: aunque la Guiteras funcione tres meses seguidos, los apagones no desaparecerán porque el sistema eléctrico está destruido de arriba abajo y no hay esta gota de combustible.

Nos venden cada sincronización como una hazaña de ingeniería. Poco falta para que transmitan en cadena nacional el momento en que la unidad vuelve a generar, con aplausos incluidos y algún dirigente diciendo que es una victoria de la Revolución. Al paso que vamos, el regreso de la Guiteras tendrá más cobertura que la llegada del hombre a la Luna.

Pero la realidad es mucho más cruel. El problema nunca fue una sola termoeléctrica. El problema es un modelo incapaz de garantizar electricidad, alimentos, medicamentos y una vida mínimamente digna. En lo que el régimen celebra que una planta volvió a encender, millones de cubanos siguen durmiendo a oscuras, cocinando con leña y viendo cómo se les echa a perder la poca comida que logran conseguir.

Ese es el verdadero apagón. No el de la Guiteras, sino el de un país al que le apagaron el futuro hace demasiado tiempo.

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