
El mumerán da en el ojo de Gerardo (El Caribú)
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- El régimen quiso usar contra Anna Bensi la vieja maquinaria del miedo. La citaron el 2 de julio, a las 10:00 de la mañana, en la unidad de la PNR de Alamar, supuestamente para imponerle una “advertencia”. En Cuba ya sabemos lo que eso significa: una amenaza disfrazada de trámite legal, una forma de decirle al ciudadano que si sigue hablando, el próximo paso puede ser la prisión.
Pero lo que debía ser una simple notificación terminó convertido en casi once horas de encierro, incomunicación e interrogatorio. Le quitaron el teléfono, la aislaron de su familia y la mantuvieron bajo presión de la Seguridad del Estado. Todo esto contra una joven que ya estaba bajo reclusión domiciliaria desde el 25 de marzo de 2026, procesada junto a su madre por haber filmado y publicado a un agente del MININT que fue a acosarlas a su casa.
El mensaje era claro: escarmentar a Anna por atreverse a responderle al exespía Gerardo Hernández Nordelo, quien intentó desacreditarla con la gastada etiqueta de “mercenaria”. Pero ahí fue donde el cálculo les falló.
Porque el verdadero bumerán no estuvo solo en la acusación. Estuvo en la salida.
Anna fue liberada a las 8:56 de la noche, visiblemente afectada, rota por la tensión acumulada durante todo el día. Pero afuera no encontró silencio, ni miedo, ni abandono. Encontró aplausos. Encontró abrazos. Encontró activistas, amigos y cubanos solidarios que convirtieron el intento de escarmiento en una muestra pública de apoyo. Eso fue lo que no calcularon.
Quisieron aislarla y la hicieron más visible. Quisieron intimidarla y terminaron mostrando el abuso. Quisieron convertirla en ejemplo de castigo y la convirtieron en símbolo de resistencia.
Lección a la ditadura
La dictadura debería saber, si es que a estas alturas todavía no lo sabe, que cada arremetida contra Anna Bensi, contra los jóvenes de Fuera de la Caja, contra El 4tico, contra Eduardo Ceballos Pérez, creador de Despingovery Channel, y contra tantos otros que denuncian pacíficamente los abusos del régimen, produce el efecto contrario al que busca.
Cada citación, cada amenaza, cada intento de humillación, intimidación o encarcelamiento no los reduce: los agranda. Porque por cada joven que intentan silenciar, aparecen otros con menos miedo y con mayor reconocimiento dentro y fuera de Cuba.
Mientras más intentan presentarlos como enemigos, más evidente queda el abuso. Mientras más los empujan contra la pared, más personas miran hacia ellos. Lo que el régimen imagina como castigo termina funcionando como vitrina internacional.
Y ahí está el verdadero hueso duro de roer.
Porque los huesos más peligrosos no siempre son los grandes. A veces son los pequeños, esos que parecen inofensivos, los que se atraviesan en la garganta y pueden asfixiar al que cree que puede tragárselo todo.
Anna Bensi se les ha convertido en eso: un hueso pequeño, incómodo, imposible de tragar para una dictadura acostumbrada a devorarlo todo.
Que su ejemplo sirva para todos los que todavía callan por miedo. Porque cuando una sola voz se atreve a hablar, el silencio de muchos empieza a romperse.






