De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte III)

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Por Enrique Collazo (Historiador)

Madrid.- Cuando se conocen los antecedentes de economía empresarial sobre los cuales Fidel configuró sus primeras ideas sobre el tema, es que puede comprenderse mejor el temor a que el Estado pierda el monopolio del mercado cubano. Los líderes de la Robo-lución saben muy bien que si permiten el surgimiento de una clase empresarial de cubanos libres e independientes, fogueados en las leyes del mercado, mucho más teniendo a solo 90 millas el emporio del capitalismo global, pues en muy breve plazo conseguirían cubrir la demanda de productos esenciales en toda la isla y con ello el poder omnímodo del Estado se extinguiría como una colilla.

Una vez alcanzado este peldaño, no tardarían en demandar una representación en la Asamblea Nacional, con el objetivo de que en ella se aprueben leyes de carácter macroeconómico que satisfagan su propuesta de liberalización de la economía y la expansión de sus operaciones y del mercado.

Pero hasta ahí podíamos llegar, pues todo lo que ponga en serio peligro el control de la dictadura sobre un área que considera de dominio exclusivo y que les permite ahora mismo amasar una fortuna de, como mínimo, 18.000 millones de dólares, tiene vetado el acceso. De modo que para preservar el monopolio exclusivo del Estado y específicamente del estamento militar, suprimen en el acto cualquier reforma en ciernes: el todopoderoso Estado no admite competencia, tal y como en la finca Manacas, propiedad de su padre Ángel Castro en Birán.

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte III)

Resulta evidente que el papel del pueblo en esta ecuación económica es equivalente al rol desempeñado por los braceros haitianos en la Finca Manacas o quizás aún peor. Aquellos, para que rindieran beneficios, era menester que fueran bien alimentados. Sin embargo, el pueblo, al estar excluido deliberadamente del sector generador de ingresos en divisas, pues medra con la inevitable cartilla de racionamiento, debido a lo cual afronta una creciente hambruna sin paliativos desde hace años, lo cual lastra su capacidad para la movilización organizada en contra de la dictadura.

Para el agresivo y represor Estado que lo controla todo, el pueblo representa sencillamente un estorbo, una carga económica, sobre todo cuando los que tienen que pagar la factura de la paupérrima manutención mínima de las masas (ahora mismo, más bien de los huesos) son ellos y no la «solidaridad» bolchevique, como antaño.

O sea, hablando en plata… LAS PIZZAS DE LA PIRAGUA, ¿remember? Quiero decir, la harina y el queso, más el puré de tomate, venían gratis desde Moscú, así como los frijoles, el arroz, los fertilizantes, el jabón, etc., etc., lo más esencial y a coste prácticamente CERO. Cuando esa dinámica basada en ingentes subsidios cambió repentinamente en 1991 debido a la bancarrota de la URSS, salieron a relucir todas las vergüenzas de un régimen que durante 30 años vivió como Carmelina ordeñando a la vaca soviética hasta dejarla exangüe del todo. Porque se ha demostrado hasta el hartazgo que la propiedad estatal sobre los medios de producción supone la ruina total de los pueblos.

El régimen, al no disponer de ningún plan económico eficaz para paliar la creciente escasez, escogió entonces arengar al pueblo en la TV cubana mediante estériles debates en la Mesa Redonda todas las semanas, para así tergiversar la realidad y poner en claro que por narices Cuba no sería el último eslabón de la cadena comunista en caer, como vaticinaba Willy Chirino. Así fue, hasta que Chávez se hizo con el poder en Venezuela y comenzó a fluir el petróleo y los recursos hacia Cuba, reflotando de nuevo a la macarra economía cubana.

Veamos otro ejemplo notorio del tipo de explotación a que el régimen esta vez somete a sus propios profesionales de la salud. El movimiento circular que describe el salario devengado por el trabajador de la salud cubano que va a otro país a brindar sus servicios es un tipo de explotación similar al implantado por Ángel en su latifundio en Birán cuando solía pagar, al menos parte del sueldo de sus trabajadores, en fichas o vales. Ahora el régimen ofrece los servicios de profesionales cubanos a países en vías de desarrollo. Se ha sabido que GAESA ingresa por este concepto hasta 4.800 millones de USD, confiscándole hasta el 95 % de su sueldo en USD a los profesionales de la salud. Este mecanismo extorsionador está diseñado para detraer una parte muy importante del sueldo en dólares en provecho de las arcas del régimen. La parte del león se la queda GAESA, la «Manacas» contemporánea.

La reciente filtración de documentos contables que atribuyen a GAESA activos líquidos por más de 18.000 millones de dólares volvió a poner el foco en el corazón financiero de la dictadura cubana. Tal fortuna —superior a las reservas internacionales de países como Ecuador, Paraguay o República Dominicana— da fe de la magnitud del poderío económico que representa hoy en día el emporio de los Castro. Los papeles, obtenidos y verificados por el Miami Herald, describen depósitos y disponibilidades por encima de los 14.000 millones de dólares a marzo de 2024 y enumeran empresas del grupo hasta ahora poco conocidas por el público. Es la radiografía más precisa de un conglomerado que maneja divisas, turismo, comercio minorista, remesas y servicios claves sin someter sus balances al escrutinio ciudadano.

Esto contrasta fuertemente con la situación financiera de Cuba, un país prácticamente en quiebra con una caída acumulada, según los cálculos, del 15 % del PIB en los últimos cinco años e insolvente ante sus múltiples acreedores internacionales. Casi 9 de cada 10 cubanos viven en condiciones de extrema pobreza o «supervivencia», estimó el Observatorio Cubano de Derechos Humanos en 2025, y este año la crisis se ha intensificado con apagones de 20 horas al día y aún más escasez de alimentos, combustible y medicinas. Como expresa el youtuber Aldo Ruiz: «la escasez en Cuba no es un fallo del sistema… la escasez en Cuba ES EL SISTEMA».

El contraste entre un Estado en bancarrota y la existencia de una opaca entidad que succiona sus principales fuentes de ingresos bajo el paraguas militar plantea importantes preguntas que la inmensa mayoría del pueblo cubano ignora: ¿Cómo opera? ¿Quién está detrás? ¿Dónde guarda e invierte el dinero? ¿Hasta qué punto esta economía paralela es responsable de la miseria en la que está sumida Cuba? Intentaremos responder a ellas en los párrafos que siguen.

GAESA (Grupo de Administración Empresarial S. A.) es el conglomerado militar que controla un sinfín de activos hoteleros, además de transporte, gasolineras, comercio, el Puerto del Mariel, telecomunicaciones y remesas. Asimismo, mediante la sociedad Gaviota S. A. posee al menos 120 hoteles, casi todos de alta gama y gestionados por cadenas extranjeras.

«Los hoteles de GAESA son cajas fuertes de hormigón», sostiene el youtuber Aldo Leyva para seguidamente explicarnos por qué se construyen si no hay turistas. Según él, y tiene toda la lógica, porque el negocio no reside en construir, sino en gastar el presupuesto. GAESA cuenta con sus propias constructoras y empresas de suministro; ellos mismos contratan, inflan los precios y transfieren el dinero público que han absorbido de una cuenta estatal a una cuenta privada controlada por la élite verde olivo. Cada hotel, aunque se mantenga vacío, es una operación «terminada»: el dinero ya se movió, los contratos ya se pagaron y el capital del pueblo quedó lavado detrás de los cristales de un inmueble que solo les pertenece a ellos. Por esto nunca falta cemento para los hoteles y por esto las inmundicias de toda La Habana se agolpan hasta en el último rincón de toda la ciudad, sin que los poderes locales hagan nada, pues si GAESA ya cobró por levantar el inmueble, pues el que vengan turistas o no les resulta irrelevante.

Anualmente GAESA maneja un flujo bruto de 10.000 millones de dólares, pero ¿cuánto de este capital invierten en el cubano que «trafica» exclusivamente en pesos? Según datos oficiales, el régimen solo gasta entre un 1 y un 2 % en salud pública, agricultura y educación. El pueblo cubano vive de donaciones porque los militares no invierten ni un céntimo en el país. Está claro que su objetivo más importante es mantener al pueblo en la indigencia.

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte III)
Entre otras cosas, GAESA es dueña de los hoteles y de todo lo que genere dólares en Cuba

En un reciente artículo, el general Rafael del Pino describe a GAESA como instrumento de una élite «cleptocrática»: una oligarquía que prioriza la captación de divisas allí donde estén sin importarle los métodos que despliega en función de enriquecerse a costa de la miseria del pueblo cubano, a sabiendas de que la emigración contribuirá con dólares constantes y sonantes a su manutención.

O sea, esto dibuja una ecuación nefasta, pues mientras más pobre es el pueblo cubano, los ingresos de ETECSA por vía de absorción de remesas se incrementan en proporción directa a la miseria, poniendo de manifiesto su naturaleza sectaria, parasitaria y profundamente antinacional. El pueblo cubano en pleno, como diría el economista alemán Friedrich Hayek, está condenado a recorrer un «Camino de Servidumbre», pero la paradoja es que quienes se lo imponen son precisamente los que se adjudican la potestad de ser sus representantes.

De tal modo la nueva oligarquía engendrada en torno a la familia Castro ha instalado un estado mafioso. Del Pino sostiene que esa cúpula controla nombramientos civiles y militares, captura los principales recursos económicos y financieros, y evade por sistema su responsabilidad para con el bienestar social, de acuerdo con los objetivos para los que fue creada tras la caída de la URSS.

Del Pino cuestiona además un lugar común: «Contrario a lo que suele afirmarse, las FAR no controlan GAESA», escribe. Afirma que la corporación opera con «empresas registradas como sociedades anónimas en Panamá y cuentas bancarias en paraísos fiscales», bajo la cobertura de la Contrainteligencia Militar. Y propone una solución tajante: «GAESA debe ser nacionalizada, intervenida, confiscada, auditada y disuelta».

En mayo de 2024, la entonces contralora de la República, Gladys Bejerano, admitió en entrevista con la agencia EFE que el emporio de los militares cubanos no estaba bajo el órgano estatal dirigido por ella y que no podía ser auditado. Fue sustituida dos meses más tarde.

Hoy Cuba y La Habana exhiben el más horroroso y lamentable retrato desde su fundación en 1519, pues siempre fue una ciudad adelantada a su tiempo y que marcó la pauta del desarrollo dentro de la América Hispana. Hoy, tal orgullo se ha trocado en pobreza y miseria provocadas por la imposición de un régimen criminal que desde su asalto al poder se trazó implantar una férrea dictadura debido a la cual todos hemos sufrido muchísimo. A todos los cubanos la dictadura nos ha provocado, en mayor o menor grado, dolor, pesadumbre, lágrimas… El país y su pueblo están hechos jirones. Sin embargo, creo que nunca como hoy el pueblo cubano ha tenido más cerca la posibilidad de volver a reconquistar la imagen de La Habana de 1959, donde el pueblo participaba activamente en la administración y el satisfactorio desempeño de una muy pujante economía de mercado, generando riqueza y bienestar para amplias capas de la población. Básicamente depende de nosotros, de más nadie. Estemos en La Habana o en el exilio, no importa. ¡VIVA CUBA LIBRE!

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