¿Sorpresa? La de Paraguay es la primera

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Por Yoyo Malagón ()

Boston.- No se confundan, que esto no fue casualidad ni un regalo del destino. Esto fue la cuota de coraje que todos le reclamábamos al fútbol sudamericano. La Albirroja no vino a hacer turismo ni a pedir autógrafos; vino a romperle el libreto a la todopoderosa Alemania. Cuando el reloj marcaba los 41 minutos, el mundo se detuvo para que Julio Enciso, ese pibe con alma de veterano, soltara un cabezazo que pareció un puñetazo directo a la historia. La pelota entró pegada al palo, y con ella, la esperanza de un continente entero que se agarra de los milagros.

Pero Alemania no es Alemania por casualidad. En el 57, como un reloj suizo que se niega a atrasarse, apareció Kai Havertz para anotar el empat, que algunos pensaron era de Leon Goretzka. Fue ese gol de manual, de esos que duelen porque saben a guión escrito. Los teutones olieron la sangre, apretaron con su presión asfixiante, pero se encontraron con un muro de camisetas azules, esta vez, que no cedió ni un centímetro. El resto del tiempo reglamentario y la prórroga fueron un intercambio de golpes en el barro, un pulso de nervios donde el talento quedó sepultado bajo el sudor y la pierna fuerte. No pasó nada más, o al menos nada que valga la pena recordar, porque el destino ya había decidido que esta historia se escribiría desde los doce pasos.

La lotería de los penales

Y entonces, llegó la hora de los valientes. La tanda de penales fue un viacrucis con sabor a chamamé. Alemania, con su fría precisión, parecía tener la ventaja, pero solo antes del primer disparo, que erró el propio Havertz, sin embargo la locura albirroja tenía otros planes. Cuando todo parecía perdido para Alemania, con Manuel Neuer, ese gigante de brazos largos, teniendo que atajar dos penales para al menos igualar la eliminatoria, el fútbol se volvió un juego de dados. Sanabria, con la presión en la nuca, mandó su disparo afuera, y Balbuena vio cómo el arquero alemán adivinaba su intención. ¡Parecía el fi, nal! Paraguay golpeado. Alemania al alza de nuevo. Pero el fútbol tiene memoria, y la justicia poética apareció en la figura de Jonathan Tah, cuyo disparo se fue a la tribuna, regalándole un suspiro a los paraguayos.

En ese momento de locura, el capitán Canale tomó la pelota con la seguridad de quien sabe que su nombre será grabado en mármol. Pisó fuerte, respiró hondo y cruzó el balón con la punta del alma. ¡Gol! ¡Paraguay 4, Alemania 3 en los penales!

La celebración fue un terremoto de gritos y abrazos, mientras los alemanes, esos mismos que dominaron el mundo, quedaban congelados en el césped. Para ellos, el golpe es doble: después de fracasar en la fase de grupos en Rusia 2018 y Catar 2022, caer eb dieciseisavos ante un equipo al que subestimaron es una losa demasiado pesada. Alemania se va, y su silencio es el mejor himno para la fiesta guaraní.

Pero si hay un nombre que resplandece por encima del resto, ese es el de Orlando Gil. Sobrio durante los 120 minutos, atajando cada remate con la tranquilidad de un maestro, se vistió de héroe en la tanda. No fue una atajada espectacular, fueron dos y la seguridad del que sabe que su momento ha llegado. El arquero paraguayo fue un muro infranqueable, la brújula que guió a su equipo hacia la gloria. Ahora, la Albirroja se planta en octavos de final con el pecho inflado, esperando al ganador del duelo entre Francia y Suecia. Que tiemblen los europeos, porque la primera sorpresa no es cualquier sorpresa; es la de Paraguay, y esta recién empieza.

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