
El Rey, el Mejor y la escalera de la vida
Por Renay Chinea ()
Barcelona.- No es un secreto: Lucas me salió forofo del fútbol. Es madridista en un entorno Barça. Es proargentino en un ambiente español. Es español en un ambiente catalán.
Y yo lo celebro, porque el fútbol es también una metáfora de la vida: él estará destinado a defender su peculiaridad. ¿No estamos todos, acaso, condenados a defender nuestra individualidad?
El otro día me preguntó:
—Papá, ¿quién es mejor finalmente: Messi o Pelé?
Y le dije:
—Mira, hijo, la vida es una escalera de peldaños consecutivos. ¿Cuál escalón es mejor, el octavo o el décimo?
Y se quedó pensando… pero no coló el recurso.
—A ver, papá… ¿Messi o Pelé?
—Hijo, Messi es el Mejor de Todos los Tiempos… y Pelé es el Rey.
Y ahí el diálogo se hundió en la retórica de quién es el Rey y quién es el mejor.
—Mira, Luqui, antiguamente no había ni reyes ni mejores. Era el caos. Entonces los hombres descubrieron que, para saber quién era el mejor, necesitaban compararlo con un rey.
Es como si te dijera que, sin el octavo escalón, no se llega al décimo… y no se pueden comparar.
Porque el mango es bueno porque es dulce… y la naranja porque es ácida. Que la noche es linda porque no tiene luz… ¡y la luz es buena porque no tiene noche!
Y proseguí por los senderos escabrosos:
—Mira, hijo, cuando Dios quiso que David fuera rey, no le mandó una corona, sino que le mandó a Goliat, que es un gigante muy malo. Y David se ganó su corona de rey.
—¿Y Pelé por qué es rey?
—Para los que nos gusta el fútbol, Dios mandó a Pelé a unos campos sin hierba. A unas batallas sin VAR, sin reglas ni cámaras de TV. Cuando jugaba Pelé, si no había sangre, no sonaba el silbato. Pelé nació sin zapatos… y jugó descalzo antes de ser Rey. Nació sin balón y jugaba con cocos.
Dios hizo nacer a Pelé muy pobre… en una ciudad de Minas Gerais que se llama Tres Corazones. Y él ganó tres Mundiales. Él derrotó al Goliat de la pobreza.
—¿Y Messi?
—Messi es el Mejor de Todos los Tiempos, porque es quien mejor sabe aplicar todas las astucias de David y todas las fintas que inventó Pelé.
Después de David, todos los pequeños pudieron derrotar a Goliat.
Después de Pelé, el pequeño Messi pudo ser tan grande como David.
—¿Y Ronaldo, papá?
—Oh, hijo… ese caso, en la próxima, te lo tengo que explicar.
Y ahí lo dejé… pensando que a su álbum de cromos le faltan las figuritas del Rey Pelé y del Rey David.






