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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- No es lo mismo encarcelar al uno por ciento de los cubanos que reprimen y encarcelan a la población, que liberar al noventa y nueve por ciento de los cubanos de la cárcel. Porque Cuba es, en la práctica, una cárcel gigantesca que mantiene en cautiverio al noventa y nueve por ciento de su población.

Para nadie es un secreto que el régimen cubano mantiene sometida a la mayoría de los ciudadanos a un encierro ideológico, económico y político. Se trata de una población adoctrinada, manipulada y secuestrada por un sistema que limita sus derechos fundamentales. Un pueblo que pide ayuda a gritos frente a un gobierno que no escucha, no ofrece soluciones y reprime cualquier manifestación de descontento.

El régimen no tiene ideas; solo le quedan la fuerza, las convocatorias obligadas y la resistencia al cambio. Así no se gobierna una sociedad. Si quienes dirigen el país no tienen la capacidad de resolver los problemas nacionales, entonces deberían abrir espacios de libertad para que el pueblo pueda escoger su propio destino.

Deberían redefinir revolución

Como afirmó el escritor cubano Reinaldo Arenas: «En Cuba hay demasiados canallas en relación con su población». Ese comportamiento es, en gran medida, consecuencia de la necesidad de sobrevivir. Cuando la supervivencia diaria se convierte en la principal preocupación de las personas, muchos terminan adaptándose a un sistema que premia el oportunismo y castiga la honestidad.

Sin embargo, si las necesidades básicas estuvieran cubiertas y los ciudadanos pudieran concentrarse simplemente en vivir y desarrollarse plenamente, la realidad sería muy distinta. Entonces quedarían al descubierto quienes han convertido a Cuba en una fábrica de oportunistas, ladrones y vividores, amparados durante décadas por un sistema que ha hecho de la dependencia y la escasez sus principales herramientas de control.

Han aplicado infinidad de soluciones, regulaciones y estrategias de todo tipo, todas al margen de la verdadera solución. Con sus consignas, argumentos socialistas, embustes y falsas promesas, han llevado a un país donde un peso cubano tenía más valor que el dólar estadounidense en 1959, a 600 pesos y mas, por un dólar. Esa es la verdadera conquista de la revolución, han conducido al país más próspero de América Latina al más miserable. Si eso es progreso, si eso es conquista, entonces la palabra revolución está mal definida por la real academia de la lengua española.

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