Tebas y Florentino: ¿le quitó una novia, le debe dinero o simplemente no lo soporta?

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Señores y señoras, ya estamos otra vez con la misma matraca. Javier Tebas, el presidente de LaLiga, ha vuelto a hablar del Real Madrid, de Florentino Pérez y de todo lo que rodea al club blanco, como si acabara de descubrir la pólvora y la pólvora le hubiera sentado mal.

Esta vez el escenario fue Vigo, el micrófono estaba caliente y el de Huesca no defraudó: tenía ganas de marcha. Porque si algo caracteriza a Tebas es que no pierde una sola oportunidad de referirse a Florentino Pérez con esa mezcla de fascinación y resquemor que uno suele reservar para el ex que le hizo la vida imposible.

¿Le quitó el presidente del Madrid alguna novia de juventud? ¿Le fue infiel la muchacha con su mejor amigo? ¿Le debe dinero desde aquella noche de póker en los ochenta? No se sabe. Pero lo que está claro es que el hombre no puede ver una cámara sin soltar algo sobre el club blanco. Será amor no correspondido.

Con Florentino en la mente todo el tiempo

Lo último ha sido su análisis de las elecciones del Real Madrid, y es para enmarcar. «Florentino Pérez ha sacado una buena victoria, pero este chico con acento mexicano que nadie conocía hace 15 días sacó un 35%, no está mal», dijo, con ese tono entre profesor decepcionado y comentarista de patio de vecinas.

Vamos a ver, don Javier. Que Riquelme, con todo el respeto, era un perfecto desconocido hasta anteayer no es un mérito de la oposición: es un síntoma de que Florentino lleva 26 años ganándolo todo, incluida la batalla de la confianza. Y que sacara un 35% no es un aviso para el madridismo: es un aviso para quienes, como usted, llevan años intentando tumbar al ingeniero y se encuentran con que ni un candidato sorpresa con acento exótico puede hacerle sombra de verdad.

Ese 35% no es un triunfo de la disidencia: es un espejismo que Tebas agita como si fuera la prueba definitiva de que Florentino tiembla. Pero tiembla de risa, probablemente.

Pero lo mejor —o lo peor, según se mire— llegó cuando Tebas se puso filósofo: «Los que llevamos muchos años en el fútbol vimos en la campaña al Florentino de verdad, al que yo conozco». Aquí ya rozamos el síndrome de Estocolmo. Porque Tebas habla de Florentino como si fueran viejos camaradas de trinchera, como si hubieran compartido pupitre, mili y confidencias a altas horas de la madrugada.

«Al Florentino de verdad, al que yo conozco», repite, como quien presume de tener acceso a una versión secreta del presidente blanco que el resto de los mortales no alcanzamos a vislumbrar. Tranquilo, Javier. Que Florentino es transparente como el cristal: hace lo que dice, gana lo que juega y no se esconde. Otra cosa es que a usted le irrite que lo haga tan bien y tan solo.

El gran cuestionador

Luego, cómo no, metió baza sobre el dinero. «Siempre he dicho que el fútbol español no debe derrochar el dinero. Esperemos que el Real Madrid, si hace esa gran inversión, acierte». El hombre no puede evitarlo. El Madrid gasta y a Tebas le da un soponcio; el Madrid ficha y Tebas pontifica; el Madrid respira y Tebas emite un comunicado.

Da igual que el club blanco sea el mejor gestionado de España, que tenga las cuentas saneadas, que no deba un euro a nadie y que acabe de reformar su estadio sin pedirle un duro al Estado. Tebas siempre encuentra un motivo para cuestionar el gasto ajeno como si el dinero del Madrid saliera de su cartera. Que no, hombre, que no. Que el Madrid genera lo que gasta y gasta lo que genera. Y punto. Lo demás son ganas de fastidiar.

En fin, que Tebas sigue a lo suyo: Mourinho le da salsa, el Mundial le descoloca el calendario y Florentino le quita el sueño. El presidente de LaLiga es ese personaje imprescindible del fútbol español que nunca defrauda porque siempre tiene algo que decir, aunque no venga a cuento. Su última rueda de prensa fue un compendio de obsesiones: el Madrid, Florentino, el dinero, el Madrid otra vez y, de postre, un poquito más de Florentino.

Si algún día escribe sus memorias, el capítulo dedicado al ingeniero ocupará más páginas que el resto del libro junto. Porque Tebas no compite contra el Madrid: compite contra la sombra alargada de un presidente que lleva un cuarto de siglo ganando dentro y fuera del campo. Y eso, para alguien acostumbrado a tener siempre la última palabra, debe de ser insoportable. Ánimo, Javier. Siempre nos quedará el acento mexicano.

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