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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Ahora los defensores de la dictadura cubana se rasgan las vestiduras en su defensa, pero ¿qué les espera después?

Una dictadura no se defiende por convicción, ni siquiera por devoción; se defiende por conveniencia. Freud decía que la hipocresía no es un síntoma de adhesión, sino de conveniencia.

Muchos de los crímenes cometidos contra los judíos en la Alemania nazi no fueron ejecutados por convicción, sino por sumisión y obediencia consciente. De otro modo, sería difícil comprender cómo personas que se consideraban seres humanos pudieron participar en semejantes atrocidades.

Los seguidores del castrismo en Cuba no tienen la más mínima compasión con los opositores del régimen. Los acosan, los maltratan, los vigilan y los humillan. Pero ¿qué pasará después?

Tendrán que rendir cuentas. Sin embargo, eso parece no importarles, porque para ellos el futuro no existe; solo existe su presente opresor. Llegará el día en que tengan que enfrentar la justicia y, en ese instante, no podrán reclamar los derechos que le negaron al pueblo cubano.

Será entonces cuando la historia les exija el pago de sus desmanes. Sigan reprimiendo, sigan violando derechos, sigan creyendo que el castrismo es invencible. Al final comprobarán que nada dura para siempre, ni siquiera el castrismo.

Yo solo los animo a reflexionar, a mirar más allá del presente, porque la historia no reflexiona. La historia, como el tiempo, devuelve lo que se hizo, no por qué se hizo; no entiende la justificación de lo que se hizo.

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