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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Mi objetivo político es convertir a Cuba en el Hong Kong del Caribe, antes de que este pasara a estar bajo el control de la China comunista. No hablo de copiar cada aspecto de Hong Kong, sino de adoptar las bases que lo transformaron de un territorio pobre y sin recursos naturales en uno de los lugares más prósperos del planeta.

Hong Kong representa probablemente el experimento más exitoso de libre mercado de la historia moderna. Durante décadas mantuvo impuestos bajos, respeto a la propiedad privada, apertura comercial, regulación limitada y una economía basada en la iniciativa individual. Ha sido uno de los lugares donde más claramente se han visto aplicados en la práctica muchos de los principios de la economía libertaria y de la Escuela Austriaca de Economía, lo que explica en gran medida su extraordinario éxito económico.

Pero existe una lección que muchas veces se ignora: Hong Kong no prosperó solamente por sus políticas económicas. También prosperó porque estuvo bajo la protección de una gran potencia mundial: Gran Bretaña. Esa protección garantizó estabilidad, seguridad jurídica, defensa exterior y confianza para los inversionistas. Sin esas garantías, difícilmente habría podido convertirse en uno de los centros financieros más importantes del mundo.

El contraste con la China comunista fue tan evidente que terminó poniendo en ridículo las teorías económicas del socialismo. Mientras Hong Kong acumulaba riqueza, inversiones y desarrollo, la China de Mao sufría pobreza, hambrunas y estancamiento económico. Con el tiempo, los propios dirigentes chinos tuvieron que reconocer esa realidad y comenzar a incorporar mecanismos de mercado, zonas económicas especiales y apertura a la inversión privada. En cierta medida, China terminó adoptando varias de las ideas que habían hecho exitoso a Hong Kong.

La oportunidad de Cuba

Cuba tiene una oportunidad similar. Su ubicación geográfica es privilegiada: está situada en la entrada del Golfo de México, cerca de Estados Unidos, del Canal de Panamá y de las principales rutas comerciales del continente. Pocos países poseen una posición estratégica comparable. Por eso considero que el camino más realista sería un Tratado de Libre Asociación con Estados Unidos, similar a los acuerdos que mantienen las Islas Marshall y los Estados Federados de Micronesia desde 1986, y Palaos desde 1994. Bajo este modelo, Cuba conservaría su identidad nacional y su gobierno propio, mientras Estados Unidos asumiría responsabilidades en materia de defensa y ofrecería un marco de estabilidad que generaría confianza para las inversiones a largo plazo.

Con seguridad jurídica, libre comercio, bajos impuestos, protección de la propiedad privada, puertos modernos, una economía dolarizada y una estrecha integración económica con Estados Unidos, Cuba podría convertirse en el principal centro financiero, logístico y comercial del Caribe y de gran parte de América Latina. Durante décadas, los cubanos han discutido cómo repartir una economía cada vez más pequeña. Mi propuesta consiste en crear una economía tan dinámica y abierta que atraiga capital, empresas, tecnología y talento de todo el mundo. El objetivo no es administrar la pobreza, sino construir la prosperidad.

Si compartes esta visión, te invito a apoyar al Partido Libertario Cubano de Libre Asociación (PLCLA). Estamos trabajando en la página web oficial, pero quien ha leído mis artículos ya sabe por dónde van los tiros. Mientras muchas propuestas para Cuba se basan en fantasías, consignas o buenas intenciones, yo intento fundamentar cada idea con ejemplos reales, experiencias históricas comprobadas y modelos que han demostrado funcionar. No estoy ofreciendo promesas vacías, sino una fórmula basada en resultados concretos para construir una Cuba libre del comunismo, próspera, segura y abierta al mundo.

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