Cuando la violencia intenta dividir lo que la hermandad ha unido

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Por Carlos Alberto Sosa ()

Miami.- Los recientes incidentes ocurridos en Cancún, México, donde un ciudadano cubano agredió a un mexicano y posteriormente, como represalia, fue apedreada la vivienda habitada por los cubanos, constituyen hechos lamentables que merecen una reflexión serena y responsable. Ninguna de las dos conductas puede justificarse. La violencia genera más violencia y termina afectando a personas que nada tienen que ver con los conflictos originales.

Es importante comprender que las acciones individuales no representan a pueblos enteros. Pretender juzgar a todos los cubanos por el comportamiento de una persona resulta tan injusto como responsabilizar a todos los mexicanos por los actos de quienes decidieron responder con agresiones colectivas. En ambos casos se trata de conductas que muestran las zonas más oscuras de la convivencia humana, esas caras ocultas de la luna que existen en todas las sociedades.

Sin embargo, reducir la relación entre cubanos y mexicanos a estos episodios sería desconocer una historia de afectos, solidaridad y respeto mutuo construida durante generaciones. El pueblo cubano se caracteriza, en términos generales, por ser trabajador, emprendedor, solidario y capaz de enfrentar grandes dificultades con dignidad. Del mismo modo, el pueblo mexicano ha demostrado históricamente una extraordinaria capacidad de acogida, generosidad y fraternidad con quienes llegan a su tierra en busca de oportunidades.

No se puede alimentar la xenofobia

En lo personal, guardo una profunda gratitud hacia México y su gente. Durante mi estancia en ese país encontré apoyo, comprensión y amistad. Los mexicanos que se cruzaron en mi camino me hicieron sentir como en casa. Compartieron conmigo no solo espacios y experiencias, sino también afecto humano en momentos importantes de mi vida. Gracias a ellos, México ocupa un lugar especial en mis recuerdos y en mi corazón. Muchos de esos amigos continúan siendo parte de mi familia afectiva.

Por ello, resulta esencial que estos hechos no alimenten prejuicios ni sentimientos xenófobos. La inmensa mayoría de cubanos y mexicanos conviven pacíficamente, trabajan juntos, forman familias, desarrollan negocios y construyen puentes de entendimiento entre ambas naciones. Los actos de violencia deben ser condenados y sancionados conforme a la ley, pero nunca utilizados para sembrar odio entre pueblos que tienen mucho más en común de lo que los separa.

La respuesta más inteligente ante estos acontecimientos no es la venganza, sino la justicia; no es la generalización, sino el entendimiento; no es el enfrentamiento, sino el respeto mutuo. Cubanos y mexicanos han demostrado a lo largo de la historia que la amistad entre los pueblos es más fuerte que los errores de unos pocos.

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