
La decadencia cubana también se piensa: preguntas en tiempos oscuros
Por René Fidel González García ()
Santiago de Cuba.- Con ancianos, jóvenes y niños subalimentándose en toda Cuba, entrando en procesos de desnutrición o mostrando ya signos evidentes de caquexia; con un acceso errático, azaroso o nulo a medicamentos para enfermedades crónicas, infecciosas y parasitarias, así como a materiales desechables imprescindibles para la atención médica; con una parte considerable de la población instalada de manera sistemática —y cada vez más extendida— en el uso de medios costosos e ineficientes para la cocción de alimentos y la potabilización del agua, parecería innecesario formular ciertas preguntas en medio de la decadencia que atraviesa nuestra sociedad.
Yo creo que no lo es. Si la decadencia de una sociedad es siempre un tránsito, es preciso empezar a hacernos las preguntas que nos permitan intentar gobernarlo.
Ahora que ideas y opiniones, reacciones y falacias, vacuidades y simplificaciones, junto a expresiones groseras, prepotentes, vanidosas o simplemente irascibles, intentan —y logran— ser consumidas políticamente por una parte cada vez mayor de la población cubana, es momento de detenerse.
Ahora que la distinción entre derecha e izquierda adquiere creciente relevancia y es utilizada de forma absoluta por unos contra otros —no necesariamente distintos— como ariete o como letra escarlata, ante la falta de conocimiento y comprensión de las extensas, complejas y diversas constelaciones teóricas que ambas contienen, de sus experiencias, éxitos y fracasos, así como de sus interrelaciones y condicionamientos mutuos, urge preguntarse.
Ahora que intelectuales y académicos callan, se ocupan de naderías, se refugian en temas convenientemente despolitizados y aislados de la realidad, o desvían la atención hacia neologismos y placebos frente a nuestras contradicciones y problemas, la pregunta se vuelve ineludible.
Ahora que la decadencia que experimenta la sociedad cubana debe asumirse también en el terreno del pensamiento, es preciso preguntarse:
¿Dónde está el pensamiento político cubano actual que nos ayudará a salir de la decadencia?
Tal como advirtiera Hannah Arendt, los tiempos oscuros no nombran solo el horror político, sino también la desaparición de la luz pública que permite ver, juzgar y decir la verdad con claridad.






