
Autodidacta, sí: y con orgullo
(En respuesta a Ramón García Guerra)
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- A todos los Ramones que andan por ahí, a los que creen que llamar «autodidacta» a alguien es una forma de rebajarlo, les digo algo con absoluta serenidad: sí, soy autodidacta. Nunca lo he ocultado. Al contrario, lo digo con orgullo, el pecho afuera y la frente en alto. Salí de Cuba a los 57 años. Quienes conocemos aquella realidad sabemos que bajo un sistema totalitario no existe verdadera educación política; existe adoctrinamiento masivo. Salí de la isla plenamente consciente del engaño existente, completamente divorciado de aquel sistema y con una profunda antipatía hacia todo lo que representaba.
Sentí que mi salida era un viaje sin regreso, y que ellos eran los culpables de haberme empujado a esa ruptura definitiva. Pero también salí, como tantos cubanos, con una mente moldeada durante décadas por la censura, las consignas, el miedo y las verdades mutiladas. Y casi a los 60 años decidí comenzar de cero: estudiar, investigar, contrastar datos, leer, escuchar, desprender mentiras y completar por mí mismo esa verdad que muchos años atrás había comenzado a construir. Eso no es un deshonor. Es una hazaña personal. Es un acto de rebeldía y de libertad.
Necesito entender la tragedia de Cuba
No estudié para aprobar exámenes, ni para que una institución me entregara un diploma, ni para colgar un cartón en la pared. Lo hice, y lo sigo haciendo, dedicándole muchas horas de mi vida sentado frente a una computadora, por una necesidad profunda: entender la tragedia de Cuba y ayudar, desde mis posibilidades, a que otros también puedan entenderla. Conozco mis límites. Admiro a quienes tienen una pluma de oro, una síntesis brillante y una formación académica sólida.
Escribo de otra manera; necesito desarrollar las ideas, desmenuzarlas, explicarlas con paciencia. Pero he descubierto que esa forma mía, lejos de ser un defecto, sirve de puente: si yo la entiendo, la mayoría también. Porque para abrirle los ojos a un pueblo desinformado durante más de seis décadas no se puede hacer con tecnicismos ni con frases bonitas y rebuscadas. Hace falta contexto, claridad, persistencia y un lenguaje que pueda entender el cubano de a pie. (https://www.facebook.com/reel/4299542956974032)
Mi propósito no es ejercer la política, ni aspirar a cargos, ni buscar aplausos en círculos intelectuales. Mi propósito es mucho más sencillo y, para mí, mucho más importante: empoderar a mi pueblo cubano, ayudarlo a pensar, iluminar zonas que durante años le fueron oscurecidas, contribuir a que despierte y pueda caminar por sí mismo, sin necesidad de ir siempre tomado de la mano de nadie. Que cada cubano pueda buscar su verdad, encontrar su camino y conquistar su libertad. El centro de mis estudios, de mis lecturas, de mis publicaciones y de mis esfuerzos ha sido siempre Cuba. Rara vez hablo de otra cosa. Y cuando lo hago, casi siempre es porque ese tema toca, directa o indirectamente, el destino de mi país. Cuba es mi dolor, mi desvelo y mi causa.
La libertad comienza por atreverse
Ya me han amenazado con que no puedo volver a entrar a la isla; pero eso no cambia nada. Yo quemé las naves el primer día que pisé tierra firme. Mi regreso, si algún día ocurre, no será por concesión de la dictadura, sino por derecho propio, como cubano libre. Por eso, a todos los Ramones que intentan usar la palabra «autodidacta» como insulto, les recuerdo algo: están intentando rebajar a personas cuya mente sigue viva, curiosa y comprometida con la verdad. A mí podrán faltarme títulos universitarios; a ustedes, en cambio, les falta la grandeza necesaria para entender que el conocimiento no pertenece a un diploma, sino a quien tiene el coraje de buscarlo por sí mismo. Porque al final, la libertad también empieza por ahí: por dejar de repetir lo que otros nos metieron en la cabeza y atreverse, aunque sea tarde, a pensar con cabeza propia.
Nota: El video que acompaña mi publicación es, sin duda, uno de los testimonios más impactantes y memorables de las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba. La protagonista de ese video es la señora Sonia Quesada, quien con una valentía tremenda se plantó en medio de las calles de La Habana para expresar el sentir de un pueblo: «Vivimos más de 60 años en la mentira y engañados, y eso tiene que acabarse. ¡Nos quitamos el ropaje del silencio! ¡Nos quitamos el ropaje del silencio!»






