
¿Por qué Mariela Castro no le dice cobarde a Trump?
Por Yeison Derulo
La Habana.- Mariela Castro salió hoy en la Tribuna Antimperialista con pose de comandante de videojuego, diciendo que a Raúl Castro nadie lo va a secuestrar. Uno escucha semejante declaración y no sabe si reírse o indignarse. ¿Secuestrar a Raúl? Si ese hombre lleva más de medio siglo secuestrando un país entero. Cuba ha vivido bajo el miedo, la represión y el abuso de una familia que convirtió la nación en su finca privada, mientras millones de cubanos han tenido que escapar por fronteras, selvas y mares para buscar la libertad que ellos les arrancaron.
Lo más curioso de todo es ver a Mariela jugando a la guapita desde una tribuna llena de privilegios, escoltas y seguridad, pero a cien metros de ella hay familias sin corriente y sin… nada. Ahí sí son valientes. Ahí sí levantan la voz. Ninguno tiene el coraje de plantarse frente a una multitud hambrienta en Centro Habana o Santiago de Cuba y escuchar lo que verdaderamente piensa la gente. Saben perfectamente que el cubano de a pie no aguanta más discursos vacíos, ni más consignas recicladas de una revolución que huele a derrota.
Ahora bien, si tan valiente se siente Mariela Castro, ¿por qué no sale mañana y le dice cobarde a Donald Trump directamente? ¿Por qué no provoca ella misma al “imperio” que tanto menciona el castrismo en sus discursos? Muy sencillo: porque detrás de toda esa muela antimperialista hay miedo. Mucho miedo. La dictadura sabe perfectamente que su poder depende de mantener el control interno, del chantaje político y de una maquinaria represiva que se desmoronaría en cuestión de horas si las cosas se les salen de control.
El castrismo lleva décadas jugando a la víctima mientras amenaza, reprime y destruye vidas dentro de Cuba. Son expertos en fabricar enemigos externos para justificar el desastre interno. Siempre necesitan un culpable: Estados Unidos, el embargo, Miami, Europa, Marte o la luna. Cualquiera sirve mientras el cubano siga haciendo colas interminables para comprar arroz y mientras los hijos de la élite viven como millonarios entre yates, viajes y hoteles de lujo.
Por eso cada vez que uno escucha estas bravatas desde la Tribuna Antimperialista, lo único que queda claro es el nivel de desconexión que tiene esa cúpula con la realidad del país. Cuba se está cayendo a pedazos y ellos siguen actuando como si todavía estuvieran en 1961.
La historia está al cambiar, Mariela. Siempre cambia. Llegará el día en que no habrá tribuna, ni escoltas, ni discursos histéricos capaces de protegerlos del juicio de un pueblo cansado de tanta miseria y tanto cinismo.






