Zapatero a su zapato o el Efecto Trump (Parte II)

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- El efecto Trump no se queda en Washington. Tampoco se limita a Irán, Venezuela o Cuba. A veces cruza el Atlántico y toca puertas que durante años parecían demasiado bien cerradas.

Una de esas puertas lleva el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero. ¡Por el momento!

Durante mucho tiempo, Zapatero quiso presentarse como mediador, pacificador, hombre prudente, voz razonable entre el chavismo y sus críticos. Iba y venía de Caracas con discurso de diálogo, gesto solemne y cara de estadista fatigado por salvar al mundo. Pero ahora la justicia española empieza a mirar detrás del decorado.

Y lo que aparece, no parece precisamente diplomacia humanitaria.

Según el auto del juez José Luis Calama, Zapatero habría tenido una influencia determinante en operaciones vinculadas a la compraventa de petróleo venezolano. No hablamos de una visita protocolar ni de una conversación de cortesía. Hablamos de una supuesta red donde empresarios interesados en acceder al crudo venezolano debían pasar por su entorno, incluso enviando cartas de intención a la oficina del expresidente.

El mediador y la dama

Ahí es donde la palabra “mediador” empieza a perder perfume.

Porque cuando un expresidente no solo conversa con una dictadura, sino que aparece situado en el camino de negocios petroleros con esa misma dictadura, ya no estamos ante un puente diplomático. Estamos ante una bisagra. Y las bisagras, aunque no hagan ruido, son las que permiten abrir ciertas puertas.

En esa trama aparece también Delcy Rodríguez, identificada en las investigaciones como “La Dama”. Una dama muy peculiar, por cierto: no de salón, sino de petróleo, poder y barcos. Según los mensajes recogidos en la investigación, ella era quien manejaba la asignación directa de los buques petroleros.

La frase parece sacada de una novela negra latinoamericana: “La Dama maneja los barcos”.

Pero no estamos hablando de ficción. Estamos hablando de Venezuela, de PDVSA, de petróleo, de empresas extranjeras, de presuntas comisiones y de una red de influencia que durante años se movió entre la política, los negocios y la sombra.

Y entonces uno entiende mejor ciertas cosas.

Zapatero no fue ingenuo

Entiende por qué algunos defendían con tanto entusiasmo el “diálogo” con Maduro. Entiende por qué nunca encontraban el momento adecuado para llamar dictadura a la dictadura. Entiende por qué el sufrimiento venezolano les parecía siempre un asunto complejo, matizable, lleno de grises. Claro: desde lejos, el hambre del pueblo puede verse gris; los barriles de petróleo, en cambio, suelen verse bastante brillantes.

Zapatero no fue ingenuo. Nadie llega a presidente de España por accidente ni se mueve durante años en los pasillos del chavismo sin saber dónde está pisando. Sabía con quién hablaba. Sabía qué régimen tenía delante. Sabía que Venezuela no era una democracia en crisis, sino una dictadura en funcionamiento.

Y aun así, ahí estaba. Mientras los venezolanos hacían colas, él hacía gestiones. Mientras los presos políticos esperaban justicia, otros esperaban cargamentos. Mientras millones huían del país, ciertos intermediarios parecían encontrar en la ruina venezolana un terreno fértil para los negocios.

Por eso este caso importa tanto. No solo por Zapatero. Importa porque desnuda una industria completa: la industria de los mediadores complacientes, de los amigos discretos de las dictaduras, de los políticos jubilados que cambian el lenguaje de los derechos humanos por el idioma rentable de los contactos.

Petróleo, represión y fachada

Durante años, el chavismo vendió miseria hacia adentro y petróleo hacia afuera. Cuba puso la escuela de represión. Venezuela puso el dinero. Y algunos europeos pusieron la fachada respetable.

Pero las fachadas también se agrietan. Y cuando una investigación judicial empieza a juntar nombres, mensajes, sociedades, cartas de intención y barcos petroleros, la palabra “diálogo” empieza a sonar menos noble y más aceitosa, entonces hay que decir; zapatero a su zapato. Porque no se puede caminar eternamente con un pie en la democracia y otro en el petróleo de una dictadura. Tarde o temprano, la suela deja huella. Y esta vez, la huella Zapatero parece conducir directamente al barril.

Leer también: (https://elvigiadecuba.com/efecto-trump-dictaduras-politica/)

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