La Copa del Rey de nuevo para la Real Sociedad

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Por Yoyo Malagón ()

Sevilla.- La Copa del Rey para la Real, otra vez, porque esto del KO ya le va sonando a himno en Donosti. Matarazzo, el gigante yanqui de los casi dos metros, llegó como un regalo de Navidad adelantado, cuando la cosa txuri-urdin olía a suspense y la plantilla pedía a gritos un alma que la entendiera.

Nadie daba un duro por el experimento americano, pero el tipo, con su parsimonia de cowboy alemán, ha ido cosiendo victorias hasta plantar a toda Gipuzkoa en la Cartuja. El resto es un suspiro: dos penaltis que Marrero se guardó en la pechera, a Sorloth y a Julián, nada menos, para que Pablo Marín certificara el milagro y la Copa se fuera para San Sebastián mientras el entrenador sonríe desde las alturas, como quien acaba de aprobar un examen imposible.

Y, como cada moneda tiene su cruz, toca mirar al Atlético, que llegó con más corazón que piernas, víctima de ese disparate del calendario que no perdona. Los rojiblancos cayeron en buena lid, eso sí, alargando esa sequía copera que la afición lleva tatuada en el alma pero que el club, caprichos del destino, nunca terminó de querer como ella. Aún vienen curvas, porque en dos semanas toca atender a la Champions, y una final perdida es también una final por ganarse, pero esta noche, en el vestuario, escuece más que una costura recién hecha.

Marrero héroe en los penales

Ya pueden imaginarse mil jugadas antes del pitido, pero ninguna pasaba por lo que pasó a los quince segundos. Sacó la Real hacia atrás, la puso larga Marrero en diagonal, sirvió Guedes desde la izquierda y Barrenetxea, de cabeza, a la jaula. El Atlético ni había tocado la pelota y ya iba por detrás. La jugada, eso sí, fue una cadena de errores rojiblancos de libro: Molina midiendo mal, Giuliano comiéndose el balón, Ruggeri marcando con la mirada y Musso tirándose tarde y mal. Lo peor que podía pasarle a un equipo escaso de gasolina es que el primer esfuerzo extra llegara tan pronto.

Porque no reaccionó mal el Atlético, buscando a Lookman por la izquierda, hasta que el nigeriano se encontró desde la frontal y Caleta-Car dimitió en el empate. Pero fue como si ahí se quedaran las piernas rojiblancas: devolver el equilibrio y desaparecer del partido fue todo uno. Simeone, prudente por la temporada asfixiante, tardó en mover ficha, mientras la Real, firme y con el balón de nuevo, volvía a hacer daño. Una falta lejana, una salida absurda de Musso, penalti y gol de Oyarzabal justo antes del entreacto. La noche rojiblanca se torcía otra vez, sin haber presentado credenciales.

De repente, Julián. Para agarrar en la frontal un servicio corto de Almada y estamparlo en la jaula, llevando el partido a ese territorio de locura que es el tiempo extra. Ahí Oskarsson topó con Musso y Julián con la madera, y el resto fue una repetición de la historia: campeona la Real en la tanda después de un 2-2. Marrero volvió a hacerse grande bajo los palos, y Matarazzo, el yanqui de la Navidad tardía, se quedó txapeldun, con esa sonrisa suya de quien sabe que, a veces, la Copa la ganan los poetas del penalti.

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