
Estados Unidos pone condiciones en diálogo con la dictadura
Por Jorge Sotero
La Habana.- El régimen cubano vuelve a sentarse en una mesa que le queda grande. Esta vez, con funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, en un encuentro celebrado en La Habana que, más que un gesto diplomático, parece un intento de acabar cona una dictadura que se cae a pedazos. Eso, porque mientras negocian con aire acondicionado, el país real —el de las colas, los apagones y el hambre— sigue en modo supervivencia.
Según información divulgada por Axios, en la reunión participó Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Y aquí no hay casualidades. Cuando el castrismo saca a relucir a un apellido Castro, es porque el asunto es serio o porque quieren dejar claro quién sigue mandando en la finca. Una señal inequívoca de que el poder sigue encerrado en el mismo círculo de siempre, ese que ha llevado a Cuba al desastre absoluto.
Desde Washington no se anduvieron con rodeos. La economía cubana está en estado crítico, dijeron, y además en caída libre. Algo que cualquier cubano sabe sin necesidad de informes. La diferencia es que ahora lo dicen ellos, los mismos a los que la dictadura culpa de todos sus males.
Aquí lo interesante viene después: Estados Unidos puso condiciones claras sobre la mesa. Liberar presos políticos, abrir la economía de verdad —no esa caricatura controlada—, garantizar libertades y avanzar hacia elecciones libres. Es decir, todo lo que el régimen lleva más de 60 años evitando.
Como si fuera poco, también salió a relucir un tema que pone nervioso a más de uno en el poder: el acceso a internet. La posibilidad de implementar tecnología satelital como Starlink podría romper el monopolio informativo que la dictadura ha mantenido a base de censura y control. Eso sí que les duele. Un pueblo informado es un pueblo menos manipulable, y ahí se les acaba buena parte del negocio.
El encuentro deja una imagen clara: Estados Unidos está dispuesto a dialogar, pero no a ceder en lo esencial. El régimen, acorralado por su propia incompetencia, intenta ganar tiempo sin soltar el poder. Lo de siempre. La diferencia es que ahora el margen de maniobra es mínimo.
Cuando un país toca fondo —y Cuba hace rato que lo tocó— ya no hay discurso que aguante. Solo queda cambiar… o seguir hundiéndose. Y viendo el historial de esta dictadura, ya sabemos cuál suele ser su elección.






