
Raúl Castro, el fantasma en la máquina: Sigue decidiendo en las sombras del diálogo Cuba-EEUU
¡Qué descaro! Mientras el pueblo cubano se ahoga en la miseria y la represión, el viejo dinosaurio Raúl Castro, desde su retiro dorado, sigue moviendo los hilos del títere que llaman gobierno. ¡Y para colmo, se mete hasta en las conversaciones con el mismísimo Tío Sam! ¿Quién lo diría? El que se supone que ya no pintaba nada, resulta que es el titiritero principal en este sainete de diálogo entre el régimen y Estados Unidos.
Mariela Castro, esa funcionaria que vive del cuento y de la propaganda oficial, se encargó de soltar la bomba: su padre, el general de 94 años, está al tanto de todo, analizando cada detalle y, atención, ¡tomando decisiones! Sí, usted leyó bien. Mientras Miguel Díaz-Canel se pone el uniforme y lanza bravuconadas sobre estar listos para una agresión militar, el verdadero poder, el de siempre, el de los Castro, sigue operando desde las sombras. ¿Acaso creen que somos idiotas?
El clan Castro: El poder que no se rinde
Que Raúl Castro no ocupe un cargo oficial es una farsa, una burla más para el pueblo cubano. Este hombre, que ha hundido a la isla en décadas de atraso y miseria, sigue controlando todo a través de sus descendientes y lacayos de confianza. Y no se equivoquen, el diálogo con Estados Unidos no es por el bienestar del pueblo, es por la supervivencia del régimen. Quieren negociar para salvar su pellejo, para mantener sus privilegios mientras el país se desmorona.
La noticia de que su hijo Alejandro Castro Espín y su nieto, el tal «El Cangrejo» (Raúl Guillermo Rodríguez Castro), andan de recados con funcionarios estadounidenses, es la prueba irrefutable de que el poder sigue secuestrado por esta familia. Este «Cangrejo», además de ser el jefe de seguridad personal del abuelo y tener negocios turbios con GAESA, actúa como el guardián de la puerta, filtrando lo que le conviene y negociando a espaldas de todos. ¡Un negocio familiar, señores!
¿Un canal directo con Trump? ¡Qué desfachatez!
Y para rematar la faena, resulta que el nieto estrella intentó enviarle una carta directamente a Donald Trump, saltándose todos los canales diplomáticos. ¡Como si fuera un asunto personal entre abuelos y nietos! Según fuentes del gobierno estadounidense, la misiva, entregada a través de un empresario que fue devuelto a Cuba por meter las narices donde no debía, pedía evitar la escalada, proponía acuerdos económicos y suplicaba por el alivio de las sanciones. ¡Pura desesperación!
Los analistas lo ven claro: es una maniobra para ganar tiempo, para esquivar a quienes exigen un cambio real de sistema. Saben que con Marco Rubio de por medio, sus chantajes no funcionarían. Quieren negociar migajas, mantener su dictadura socialista intacta, mientras el país se hunde. ¿Y mientras tanto, Díaz-Canel, con su uniforme y su discurso de guerra, qué hace? ¿Posar para la foto?
GAESA: El corazón podrido del poder
No nos engañemos. Detrás de todas estas jugadas, de estos diálogos y cartas secretas, está GAESA, el conglomerado empresarial militar que es el verdadero centro del poder en Cuba. Los Castro controlan GAESA, y GAESA controla el país. Es un círculo vicioso de corrupción y opresión que no parece tener fin. Mientras La Habana presume de aliados como China y Rusia, la realidad es que el régimen está acorralado, preocupado por una posible escalada con Washington y, sobre todo, por la sostenibilidad de su propio modelo fallido.
La población lo que quiere es diálogo, sí, pero un diálogo que traiga libertad, no más cadenas. Quieren resolver las tensiones, pero sin renunciar a sus derechos. Pero el régimen, con Raúl Castro al mando desde las sombras, solo busca perpetuarse. Y mientras tanto, nos preparan para lo peor, como bien dijo Mariela. ¿Lo peor para quién? ¿Para ellos o para nosotros?
Al final, la verdad es cruda y amarga: mientras el pueblo sufre, los Castro siguen decidiendo el destino de Cuba, incluso en las mesas de negociación con el enemigo de ayer. Y lo hacen con la misma soberbia y el mismo desprecio de siempre. La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan tomando el pelo?






