La Habana.- El mundo, fuera de Cuba, funciona de otra manera. En México, una jueza federal ha condenado a la aerolínea Global Air a pagar 124,2 millones de pesos mexicanos (unos 7,1 millones de dólares) a las familias de cuatro tripulantes mexicanos fallecidos en el accidente del Boeing 737-200 que se estrelló en La Habana el 18 de mayo de 2018.
Es la primera sentencia firme de indemnización civil en este caso, ocho años después de la tragedia. Mientras tanto, en Cuba, el régimen castrista no ha pagado un solo peso a las familias de los 101 cubanos que murieron en ese mismo accidente. La única sobreviviente, Maylén Díaz Almaguer, recibió unos pocos miles de pesos cubanos. Nada más. Nada que se parezca a una indemnización justa. Nada que reconozca el dolor de las familias. Nada.
La sentencia mexicana es un recordatorio de que, en países con instituciones que funcionan, las empresas y los gobiernos rinden cuentas. Global Air, la aerolínea que operaba el vuelo bajo contrato de arrendamiento con Cubana de Aviación, fue hallada responsable. La jueza Thaybelli Ivette Sánchez Rojas ordenó reparar el daño patrimonial a los deudos de cuatro tripulantes mexicanos.
No importa que la empresa esté en quiebra, no importa que el proceso haya sido largo y accidentado. La justicia habló. Y las familias, aunque sea sobre el papel, tienen una condena que reclama. En Cuba, en cambio, el silencio es la única respuesta. Las familias de los 101 cubanos fallecidos siguen esperando. Como siempre. Como nunca. Como hasta que la dictadura, algún día, decida que las vidas de sus ciudadanos también valen algo.
Cuba no indemniza, el gobierno pasa de largo
El régimen cubano tiene una larga historia de desprecio por las víctimas y sus familias. No indemnizó a los familiares de los médicos que murieron hace dos años en Somalia. No indemnizó a las familias de los caídos en Angola, aquellos soldados que enviaron a una guerra que no era suya para alimentar los sueños imperiales de Fidel Castro. Ni siquiera indemnizó a las familias de los cubanos que murieron defendiendo a Nicolás Maduro cuando las fuerzas especiales estadounidenses capturaron al dictador venezolano.
Para el castrismo, la vida de los cubanos es desechable. Un recurso más. Un costo asumible. Y cuando mueren, el silencio. O una nota lacónica en Granma. Y nada más.
La única sobreviviente, la cubana Maylén Díaz Almaguer, recibió poco más de 50 dólares al cambio como indemnización del Estado cubano
El accidente del 18 de mayo de 2018 fue el peor desastre aéreo en Cuba en treinta años. 112 muertos. 113 personas a bordo. La única sobreviviente, Mailén Díaz Almaguer, entonces de 19 años, recibió una indemnización miserable en pesos cubanos. Nada que le permita reconstruir su vida. Nada que compense el horror de haber visto morir a su alrededor.
Mientras tanto, las familias de los tripulantes mexicanos, gracias a la justicia de su país, tienen una sentencia que, aunque difícil de cobrar, al menos existe. En Cuba, ni siquiera eso. Porque en Cuba no hay jueces independientes, no hay tribunales que condenen al Estado, no hay justicia que obligue al régimen a pagar por sus negligencias.
Fuera, el mundo es diferente
El informe final del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba determinó que la causa más probable del accidente fue una cadena de errores humanos de la tripulación, incluyendo errores en los cálculos de peso y balance. Pero también señaló los bajos estándares operacionales de la aerolínea.
¿Y quién contrató a esa aerolínea? ¿Quién permitió que un avión con problemas despegara? ¿Quién es responsable último de la seguridad de los pasajeros? El gobierno cubano, por supuesto. Pero en Cuba, el gobierno nunca es responsable. La culpa siempre es de otro: del piloto, de la aerolínea, del bloqueo, del imperio. Nunca de ellos. Nunca de los que mandan, ni de los que cobran sueldos millonarios mientras las familias de las víctimas esperan una indemnización que nunca llegará.
Así funciona el mundo fuera de Cuba. Con leyes, con jueces, con condenas. Con responsabilidades. Y con indemnizaciones. En Cuba, en cambio, las víctimas son números. Estadísticas. Noticias que se olvidan al día siguiente.
Las familias lloran en silencio, porque alzar la voz puede costarles la cárcel. Y el régimen sigue igual, impune, soberbio, despreciando la vida de los suyos mientras se llena la boca con palabras como «humanismo» y «solidaridad».
La sentencia de Global Air es un espejo. Y en ese espejo, Cuba se ve pequeña, miserable, incapaz de hacer lo correcto.