Por Yeison Derulo
Jiguaní.- En Jiguaní crece una preocupación que debería avergonzar a cualquier gobierno responsable. El puente principal del municipio, considerado el “primogénito” de los siete que conectan distintos accesos de la localidad, se encuentra hoy en un estado que inspira más miedo que confianza, según informa el periódico provincial La Demajagua.
La estructura, levantada antes de 1950 y que durante décadas resistió con dignidad el paso del tiempo, se deteriora a la vista de todos sin que el régimen cubano haya mostrado la capacidad —o la voluntad— de intervenir con la urgencia que la situación exige.
El deterioro no comenzó ayer. El 9 de junio de 2023, una crecida colosal del río arrasó con todo a su paso. Los vecinos hablan todavía de aquella “avalancha de agua” que se llevó árboles, animales y objetos domésticos, mientras la corriente convertía el cauce en una masa furiosa que golpeó directamente la vieja estructura.
Aquella noche quedó claro que el puente necesitaba atención inmediata. Sin embargo, como suele ocurrir bajo la ineficiente administración del Estado cubano, las advertencias quedaron archivadas entre burocracia, promesas y silencios.
Para empeorar el panorama, el 29 de octubre de 2026 el ciclón Melissa volvió a castigar la zona. Árboles centenarios arrancados de raíz bloquearon accesos y debilitaron aún más las estructuras de los puentes del municipio. El principal, que además funciona como prolongación del paseo urbano desde 2001, quedó particularmente expuesto.
A pesar de las señales evidentes de desgaste —socavación en los apoyos, pérdida de material y corrosión— la vida cotidiana continúa sobre esa infraestructura como si nada pasara. La razón es sencilla: el régimen no ha sido capaz de ofrecer una alternativa segura para los habitantes.
Especialistas vinculados a la Unión Nacional de Ingenieros y Arquitectos de Cuba han advertido, tras revisar imágenes de la obra, que existe un peligro real de fallo estructural. La socavación severa en estribos y pilas, la pérdida de material bajo la cimentación y los huecos detectados en varios puntos podrían provocar un colapso repentino ante cualquier esfuerzo extraordinario.
A esto se suman factores como la acumulación de troncos y basura que desvían la corriente del río, un problema que también refleja la falta crónica de mantenimiento y gestión ambiental por parte de las autoridades.
Mientras tanto, los dirigentes locales del llamado Poder Popular aseguran que “los expedientes ya están en la instancia provincial” y que esperan la aprobación de una inversión para reparar no solo este puente, sino todos los dañados.
Es el mismo libreto de siempre: diagnósticos tardíos, promesas administrativas y ninguna solución inmediata. En un país donde las infraestructuras se derrumban al mismo ritmo que las excusas oficiales, el puente de Jiguaní se ha convertido en algo más que un problema técnico: es otro símbolo del abandono que caracteriza a un régimen incapaz de sostener, ni siquiera, las obras que heredó del pasado.
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