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Por Oscar Durán
La Habana.- Hay frases que, cuando salen de determinadas bocas, no suenan a poesía sino a cinismo. Gerardo Hernández, conocido como “el Alce”, decidió desempolvar aquellos versos de José Martí: “En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas…”. La cita apareció en medio de la revelación de conversaciones entre Estados Unidos y Cuba, manejadas en la penumbra diplomática. Y uno no sabe si reírse, indignarse o simplemente confirmar lo que ya sabemos: que en este país la transparencia siempre llega tarde y mal.
Cuando un alto funcionario de la maquinaria política recurre a Martí para justificar silencios, el problema no es la frase; el problema es la intención. Martí hablaba de estrategia en la lucha por la libertad de Cuba, no de negociaciones opacas manejadas por una élite que jamás consulta al pueblo. Convertir aquella línea en coartada política es una maniobra bastante vieja: citar al Apóstol para maquillar lo que, en esencia, sigue siendo un ejercicio de poder sin rendición de cuentas.
La revelación de esos diálogos no debería sorprender a nadie porque todos sabíamos, Donald Trump mediante. Lo que sí sorprende es el teatro posterior: primero el silencio absoluto, luego la filtración parcial y finalmente la frase épica para cerrar el capítulo, como si la política exterior fuera una novela de espionaje y no un asunto que afecta directamente la vida de millones de personas.
El problema de fondo es otro. Mientras se citan versos y se invocan gestas históricas, el cubano de a pie sigue lidiando con apagones, escasez y una economía que no levanta cabeza. En ese contexto, escuchar a un dirigente hablar de “cosas que deben andar ocultas” suena, cuanto menos, ofensivo.
El país lleva demasiado tiempo viviendo entre secretos oficiales y discursos grandilocuentes que no resuelven absolutamente nada.
Por eso cada frase como esta termina pasando factura. La gente ya no compra épicas recicladas ni consignas envueltas en literatura patriótica. El pueblo entiende perfectamente cuándo se le habla con honestidad y cuándo se le está tomando el pelo.
Si algo ha demostrado la historia reciente de Cuba es que el desgaste de la credibilidad, cuando llega a cierto punto, se vuelve irreversible. Entonces ya no habrá verso de Martí que alcance para tapar la realidad.