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Citan a las madres porque no pueden callar a los hijos

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Se equivocaron. Creyeron que citando a los padres lograrían que los hijos callarán. Durante décadas ese fue uno de los métodos más eficaces del poder; presionar a la familia para que la familia presionara a los jóvenes. Pero algo ha cambiado en Cuba. Hoy no sólo los muchachos han perdido el miedo; también lo han perdido los padres. Padres que ya no aceptan que a sus hijos se les trate como delincuentes por pensar diferente. Padres que entienden que el verdadero delito no es cuestionar al poder, sino vivir arrodillado ante él.

Ayer amenazaron a los jóvenes del proyecto Fuera de la Caja. Hoy le toca a la joven Ana Sofía. El método es el mismo de siempre: se presentan en su casa y citan a su madre a comparecer en una estación de policía. No la citan para conversar, sino para intimidarla. Para describirle, con el lenguaje del miedo, lo que (según ellos) podría esperarle a su hija si continúa pensando por cuenta propia.

La escena se repite desde hace décadas en Cuba. No citan primero al supuesto “culpable”; citan a la familia. Porque el objetivo real no es la justicia, es la presión psicológica. Es sembrar angustia en los padres, para que sean ellos quienes intenten silenciar a sus hijos.

El mensaje implícito suele ser claro. Una celda oscura, un proceso judicial fabricado, una condena ejemplarizante en alguna de las más de 200 prisiones que existen en Cuba. Un país donde, paradójicamente, hay más centros penitenciarios que hospitales en muchas.

Pero cabe preguntar: ¿qué significa realmente ser revolucionario?

Durante décadas el poder ha intentado apropiarse de esa palabra. Sin embargo, el diccionario no miente. Revolucionario es quien busca transformar un sistema injusto, quien cuestiona el poder establecido, quien se atreve a pensar distinto cuando todos los demás callan.

El sistema teme a las ideas

Si somos honestos con el lenguaje, entonces habría que empezar a llamar a las cosas por su nombre. Lo que el poder exige no es ser revolucionario; exige ser leal al sistema. Quien discrepa es etiquetado como “contrarrevolucionario”, cuando en realidad muchos de esos jóvenes simplemente son anticomunistas, críticos del régimen o defensores de libertades básicas.

Y ahí está la paradoja: los verdaderos revolucionarios de hoy en Cuba no son quienes repiten consignas, sino quienes se atreven a cuestionarlas.

Los muchachos de EL4Tico, de Fuera de la Caja, Ana Sofía y tantos otros jóvenes cubanos no están llamando a la violencia ni conspirando en la sombra. No están organizando guerrillas ni promoviendo el caos. Están haciendo algo mucho más peligroso para cualquier régimen autoritario:

¡Pensar en voz alta! Y cuando pensar en voz alta se convierte en un acto de valentía, cuando expresar una idea libre provoca citaciones policiales y amenazas a la familia, entonces queda claro que el problema no está en esos jóvenes. El problema está en un sistema que teme a las ideas más que a cualquier protesta. Porque las protestas se reprimen. Pero las ideas, cuando nacen en una generación que ha decidido abrir los ojos, terminan encontrando siempre su camino. Y eso, guste o no al poder, también es revolución.

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