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La solución de Santa Clara para recoger basura

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Por Yeison Derulo

Santa Clara.- La comparecencia radial de las autoridades de Santa Clara para explicar cómo recoger la basura en plena crisis energética termina siendo, más que una solución, una fotografía perfecta del nivel de deterioro administrativo al que ha llegado el país.

En pleno 2026, una ciudad cabecera provincial anuncia como medida extraordinaria volver a los carretones y a los triciclos para recoger los desechos. Lo que en cualquier nación sería un retroceso de un siglo, aquí se presenta como una reorganización moderna del servicio.

El presidente de la Asamblea Municipal y el intendente hablan de “gestionar de manera diferente” la recogida de basura. Sin embargo, en realidad lo que están diciendo es algo mucho más simple: no hay combustible. Tampoco hay camiones suficientes. Además, no hay sistema de recogida estable. Entonces la solución es recurrir a carretones particulares y a triciclos eléctricos. Es como si Santa Clara fuera un pueblo del siglo XIX y no una ciudad de más de 200 mil habitantes.

El problema no es solo la precariedad del método, sino la forma en que se traslada la responsabilidad hacia la población. Según las nuevas medidas, los vecinos deberán sacar la basura hasta determinadas calles principales, incluso si viven en entrecalles. Es decir, el ciudadano no solo paga impuestos y servicios. Ahora también tiene que convertirse en parte del sistema logístico de recogida de basura porque el Estado ya no puede garantizar algo tan básico.

La situación se vuelve todavía más absurda cuando se habla de frecuencia del servicio. En el centro de la ciudad se recogerá diariamente después de las cinco de la tarde. Sin embargo, en el resto de los consejos populares la basura podría recogerse apenas una vez por semana. Eso dependerá de lo que decida la comunidad.

En un clima tropical, con altas temperaturas y con problemas sanitarios crecientes, eso no es planificación urbana: es una receta perfecta para la proliferación de vertederos, malos olores y enfermedades.

Tampoco pasa desapercibido otro detalle: los negocios estatales y privados deberán contratar a un tercero para recoger su basura y pagar por el servicio, bajo amenaza de perder la patente si no cumplen. En otras palabras, el gobierno reconoce que no puede garantizar el servicio. No obstante, aun así exige pagos y sanciona a quien no logre resolverlo por su cuenta. Es una lógica administrativa que raya en el absurdo.

Todo esto ocurre mientras se habla de “sostenibilidad”, “proyectos comunitarios” y “reorganización del sistema”. Sin embargo, detrás de ese lenguaje burocrático se esconde una realidad mucho más cruda. Es una capital provincial que en 2026 anuncia como solución oficial el uso de carretones para recoger la basura.

Más que una medida temporal por contingencia energética, parece la confirmación de que el país sigue caminando hacia atrás. Mientras tanto, las autoridades intentan vender cada retroceso como si fuera una innovación.

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