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La historia detrás de la foto (LXXVI)

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Por Oscar Durán

La Habana.- La imagen es casi un símbolo de estos tiempos: Manuel Marrero Cruz y Vicente De La O Levy sentados en una mesa amplia, en una oficina con aire acondicionado, mientras el país se apaga. De un lado, el ministro de Energía; del otro, el primer ministro. Papeles sobre la mesa, bolígrafo en mano, gesto serio. Afuera, sin embargo, millones de cubanos sin corriente, sin ventilador, sin agua bombeada, sin esperanza inmediata. La foto pretende transmitir control. Lo que transmite es desconexión.

Cuando el Sistema Electroenergético Nacional colapsa, no estamos hablando de un fusible fundido en una cuadra. Estamos hablando de un país paralizado. Hospitales en tensión, alimentos echándose a perder, ancianos sudando en la oscuridad. Y la respuesta oficial es una reunión retratada para la prensa. Dos hombres dialogando como si el problema fuese coyuntural y no estructural. Como si bastara una firma o una orientación para encender termoeléctricas que llevan años agonizando.

La escena también plantea una pregunta inevitable: ¿qué pueden resolver dos personas cuando el modelo entero está agotado? No es cuestión de voluntad individual. El sistema energético no colapsó ayer ni por accidente. Es el resultado de décadas de mala planificación, de falta de inversión real, de dependencia externa y de decisiones económicas erradas. Sentarse a revisar informes no sustituye el combustible que no hay ni las piezas que nunca se compraron.

Mientras tanto, el discurso oficial insiste en resistencia, creatividad y comprensión. Pero el pueblo no vive de consignas. Vive —o intenta vivir— con electricidad. Cada apagón prolongado es una factura social que se acumula: negocios que cierran, alimentos que se pierden, niños que no duermen, trabajadores que no rinden. Y la brecha entre la oficina iluminada y la casa a oscuras se hace cada vez más obscena.

La foto, en definitiva, no muestra una solución; muestra una escena repetida. Reuniones, recorridos, declaraciones, promesas. El país, sin embargo, sigue colapsado en todos los sentidos. La electricidad es apenas el síntoma más visible. Lo que se apagó hace rato es la credibilidad de quienes, desde una mesa amplia y cómoda, pretenden convencer a todo un pueblo de que esta vez sí van a resolver.

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