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Teocracia y partido único: Convergencia de dos sistemas cerrados

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- La estructura de poder que durante décadas dominó Irán bajo la égida de Ali Khamenei y el modelo político consolidado en Cuba desde Fidel Castro responden a matrices ideológicas distintas. Sin embargo, estas desembocan en prácticas sorprendentemente similares.

En uno, la autoridad religiosa concentra la soberanía última; en el otro, el partido único monopoliza la representación del Estado. Sin embargo, en ambos casos el resultado ha sido la clausura del pluralismo. Además, ha supuesto la subordinación del poder judicial al ejecutivo y la reducción de la sociedad civil a un espacio vigilado.

La legitimidad no nace del voto libre y competitivo, sino de una narrativa fundacional que se proclama irreversible.

La convergencia se acentúa en la gestión del disenso y en la política exterior. Tanto La Habana como Teherán han construido sistemas donde la crítica es interpretada como traición. Además, en ambos la cohesión interna se refuerza mediante la confrontación permanente con un enemigo externo.

Las restricciones a la prensa independiente, las detenciones por motivos políticos y el uso del aparato de seguridad como instrumento de intimidación han sido constantes en ambos escenarios.

La historia demuestra que los regímenes cerrados, cuando se aferran al poder ignorando el desgaste interno y el aislamiento exterior, terminan enfrentando crisis. Por lo general, no pueden contener esas crisis indefinidamente.

Bajo ropajes distintos —teocracia en un caso, partido único en el otro— el principio ha sido idéntico. No sería temerario advertir que, si persisten en esa lógica de cerrazón y represión, el desenlace de una tiranía podría anticipar el destino de la otra.

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