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Hugo Cancio insta al régimen cubano a negociar con EE.UU. y aprovechar “una oportunidad única”

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Ni en sus peores pesadillas el patriarca pudo imaginar que uno de sus propios hijos, o al menos uno de los criados de la casa, le vendría con este cuento. Hugo Cancio, el empresario cubanoamericano que se pasea por los pasillos de Miami y La Habana como si fueran su sala de estar, le ha soltado al régimen una verdad que duele más que un escache en plena Plaza Vieja: ¡negocien con los yanquis, coño, que se les acaba la mermelada!

El dueño de Katapulk y OnCuba, ese que se las da de visionario con su pragmatismo de barrio, ha venido a decirnos que la administración Trump, esa que se supone que nos tiene asfixiados con el “asedio petrolero” y las sanciones, resulta que ahora nos tiende una “puerta abierta”. ¡Toma castaña! Y para rematar, hasta Marco Rubio, el secretario de Estado, se pone blando y habla de una apertura económica. ¿Será que se les acabó el discurso de la guerra fría o es que ya ven la finquita fallida a punto de implosionar?

Cancio, con esa labia que se gasta, pide dejar atrás el intercambio de culpas, como si aquí todos fuéramos unos santicos. Dice que hay responsabilidades compartidas y un clima de resentimiento. ¡Claro que hay resentimiento, mango verde! Lo que no hay es soberanía real para poner el cascabel al gato. Y mientras tanto, el sector privado, ese que según Cancio importa mil millones de dólares y gestiona miles de transacciones diarias, sigue siendo el patito feo al que le tiran migajas.

Pero no se equivoquen, el hombre no solo habla de economía. Quiere una Cuba “más democrática, plural e inclusiva”. ¡Qué bonito suena eso desde Miami! Él, desde su trinchera privada, quiere ser el componedor de batea, el que tiende puentes entre dos orillas que llevan décadas embarajando la misma baraja. ¿Será que por fin se dan cuenta de que no están ni se les espera en el ring de la confrontación eterna?

La pregunta que queda flotando en el aire, como el humo de un habano barato, es: ¿escuchará el régimen esta vez? ¿O seguirán con su cinismo sexenal, esperando que la diáspora les resuelva el papeo mientras ellos se quedan con el rabo entre las patas?

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