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Por JOrge L. León (Historiador e investigador)
Davos: el escenario del poder.
Davos no es una ciudad cualquiera de los Alpes suizos. Se ha convertido, con el paso de los años, en un símbolo del poder económico y político global. Allí convergen jefes de Estado, líderes corporativos, grandes financieros y burócratas internacionales que, bajo el paraguas del Foro Económico Mundial, discuten y diseñan agendas que pretenden marcar el rumbo del planeta. Davos representa la lógica de la gobernanza desde arriba, del consenso entre élites, muchas veces distante de las realidades sociales y nacionales de los pueblos.
La intervención de Donald Trump rompió con el clima habitual del foro. No acudió a Davos para integrarse al coro dominante, sino para marcar distancia. Su discurso se sostuvo sobre varios ejes fundamentales:
1. Defensa del Estado-nación y la soberanía
Trump reafirmó que el progreso de las naciones depende de la preservación de su soberanía, del control de sus fronteras y de la capacidad de cada país para decidir su propio destino, sin imposiciones de estructuras supranacionales.
2. Economía real frente a dogmas ideológicos
Insistió en que el crecimiento económico auténtico se construye sobre la producción, la inversión privada y el empleo, no sobre regulaciones excesivas ni agendas ideologizadas que frenan la iniciativa y encarecen la vida de los ciudadanos.
3. Crítica al globalismo burocrático
De manera explícita e implícita, cuestionó los modelos promovidos desde centros de poder global que, en nombre de la sostenibilidad o la equidad, generan estancamiento económico, dependencia y pérdida de competitividad.
4. Resultados como argumento central
Trump apeló a los hechos: crecimiento económico, reducción del desempleo, incentivos fiscales y fortalecimiento del sector productivo como pruebas de que su enfoque político produjo resultados concretos.
En coherencia con estas ideas, no resulta extraño que Trump haya señalado en otras ocasiones el valor estratégico de Groenlandia. Más allá del impacto mediático que generaron esas declaraciones, el trasfondo es revelador: control de rutas, recursos naturales, proyección militar y seguridad en el Ártico. Groenlandia simboliza una concepción clásica de la geopolítica, hoy incómoda para muchos en Davos: los territorios importan, la geografía importa y la soberanía sigue siendo un factor decisivo en el equilibrio del poder mundial.
Valoración de su presentación
La presencia de Trump en Davos fue incómoda para muchos, pero precisamente por eso significativa. Su discurso no buscó la aprobación del auditorio, sino introducir una fisura en el pensamiento homogéneo que suele dominar el foro.
El principal logro de su intervención fue romper el consenso aparente y recordar que existen alternativas al modelo globalista que Davos promueve como inevitable. Trump convirtió su presentación en un acto político claro: contraponer soberanía frente a tecnocracia, resultados frente a retórica y nación frente a élite global.
En el llamado “templo del poder global”, Trump actuó como una voz disonante, una sombra proyectada sobre un escenario acostumbrado a la uniformidad. Su mensaje no pretendió reconciliar visiones, sino dejar constancia histórica de que el debate sobre el rumbo del mundo sigue abierto y que no todos están dispuestos a aceptar decisiones tomadas lejos de las urnas y de los pueblos.